[1] (CAP. 89) Oración de Moisés, hombre de Dios. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
[2] Antes que nacieran las montañas, o fuera engendrado el universo, desde siempre y para siempre tú eres Dios.
[3] Tú haces que el hombre regrese al polvo, diciendo: «¡Regresen, hijos de Adán!»
[4] Porque mil años son para ti como un día, un ayer que ya pasó, una hora de la noche.
[5] Tú los haces desaparecer, son como un sueño, como la hierba que brota por la mañana:
[6] brota y florece por la mañana, y por la tarde ya está marchita y seca.
[7] Porque tu ira nos ha debilitado, tu indignación nos ha transtornado.
[8] Has puesto nuestras culpas ante ti, nuestros secretos a la luz de tu mirada;
[9] todos nuestros días se desvanecen bajo tu ira, y como un suspiro se acaban nuestros años.
[10] Setenta años dura nuestra vida, y hasta ochenta llegan los más fuertes; pero sus afanes son fatiga inútil, pues pasan pronto, y desaparecemos.
[11] ¿Quién ha experimentado la fuerza, el terror que produce tu enojo?
[12] Enséñanos a calcular nuestros días, para que adquiramos un corazón sabio.
[13] ¿Cuánto tardarás, Señor, en atendernos? Ten compasión de tus siervos.
[14] Sácianos de tu amor por la mañana, para que vivamos con alegría y júbilo.
[15] Alégranos tantos días como nos hiciste sufrir, tantos años como conocimos desgracias.
[16] Que tus siervos veamos tus acciones, y nuestros hijos contemplen tu esplendor.
[17] Que descienda sobre nosotros la bondad del Señor, nuestro Dios. Da éxito a todo cuanto hagamos. Sí, da éxito a todo cuanto hagamos.