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Salmos 12

[1] (CAP. 11) Al maestro de coro; en octava. Salmo de David.

[2] Sálvanos, Señor, que ya no queda gente de bien, se ha perdido la lealtad entre los hombres.

[3] Se engañan unos a otros, hablan con labios aduladores y doblez de corazón.

[4] Que el Señor acabe con esos labios aduladores, con esas lenguas engreídas

[5] que dicen: «Triunfaremos con nuestra lengua, nuestros labios nos defenderán. ¿Quién nos dominará?».

[6] Por la opresión de los humildes, por el grito de los pobres, ahora me levanto yo –dice el Señor–, y daré la salvación a quien la ansía.

[7] Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata fundida limpia de tierra, siete veces refinada.

[8] Tú, oh Señor, nos protegerás, nos librarás para siempre de esta generación;

[9] ¡Por todas partes merodean los malvados; la maldad ha llegado al colmo entre los hombres!

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