[1] (CAP. 34) De David. Acusa tú, Señor, a los que me acusan; enfréntate a los que se enfrentan contra mí.
[2] Armate con el escudo y la coraza y ven en mi socorro.
[3] Empuña la lanza y cierra el paso a mis perseguidores. Dime: «Yo soy tu salvación».
[4] ¡Queden derrotados y avergonzados los que buscan mi muerte! ¡Retrocedan humillados los que planean mi desgracia!
[5] Sean como paja al viento, cuando los disperse el ángel del Señor.
[6] Que su camino se haga oscuro y resbaladizo, cuando los persiga el ángel del Señor.
[7] Porque me han tendido sus redes sin motivo, sin motivo me han cavado una tumba.
[8] Que la desgracia caiga sobre ellos de repente, que se enreden en la red que tendieron y se hundan en la tumba que cavaron.
[9] Yo exultaré con el Señor y me alegraré con su victoria.
[10] Todo mi ser proclamará: ¿Quién como tú, Señor, que libras al humilde del poderoso, al humilde y al necesitado del explotador?
[11] Se levantaban testigos falsos, me preguntaban cosas que ignoraba;
[12] me devolvían mal por bien, y me dejaban amargado.
[13] Yo en cambio, cuando ellos estaban enfermos, vestido de luto, me mortificaba con ayunos, orando sin cesar en mi interior;
[14] andaba triste como por un amigo o un hermano, triste y desconsolado como quien va de luto por su madre.
[15] Pero cuando yo caigo, ellos se alegran y se unen contra mí, me golpean a traición, me desgarran sin cesar;
[16] me insultan y se burlan de mí, hacen rechinar con odio sus dientes contra mí.
[17] ¿Hasta cuándo, Señor mío, vas a tolerar esto? Líbrame de los que rugen, salva mi vida de los leones.
[18] Yo te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre la muchedumbre del pueblo.
[19] Que no se alegren a mi costa mis traicioneros enemigos, que no se hagan señas los que me odian sin motivo.
[20] Pues jamás hablan de paz, sino que atacan a la gente sencilla,
[21] se ríen de mí a carcajadas, diciendo: «Con nuestros ojos lo hemos visto».
[22] Lo estás viendo, Señor, no te quedes callado, no te alejes de mí, Señor mío;
[23] despierta, sal en mi defensa, Dios mío; defiende mi derecho, Señor mío.
[24] Tú, que eres fiel, júzgame, Señor, Dios mío; que no se alegren a mi costa,
[25] que no piensen: «¡Qué bien, lo conseguimos!», que no digan: «¡Lo hemos devorado!»
[26] ¡Queden derrotados y confundidos los que se alegran de mi desgracia; que se cubran de vergüenza y confusión los que se envalentonan contra mí!
[27] Pero que quienes desean mi triunfo, se alegren y gocen repitiendo sin cesar: «Grande es el Señor, que desea la paz a su siervo».
[28] Mi lengua anunciará tu fidelidad, te alabará todos los días.