[1] (CAP. 16) Oración de David. Escucha, Señor, mi demanda, atiende a mi clamor; pon atención a mi plegaria, que en mis labios no hay engaño.
[2] Tú me harás justicia, porque tus ojos ven lo que es recto.
[3] Has examinado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba sin hallar malicia en mí: no he pecado con la boca
[4] como hacen los hombres; he cumplido tus mandatos, me he mantenido en tus sendas,
[5] he seguido tus caminos con paso firme, no han flaqueado mis pies.
[6] Yo te invoco, oh Dios, porque tú me respondes: hazme caso, escucha mis palabras.
[7] Muéstrame tu amor, tú que salvas de sus enemigos a los que se refugian en ti.
[8] Protégeme como a la niña de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas
[9] lejos de los malvados que me oprimen, de los enemigos que me cercan por todas partes.
[10] Son gente sin corazón, hablan con arrogancia,
[11] sus pasos me tienen cercado; sus miradas me acechan para derribarme,
[12] como un león ávido de presa, como un cachorro al acecho en su escondite.
[13] Levántate, Señor, hazle frente y derríbalo; que tu espada me defienda del malvado,
[14] y tu poder, Señor, de los hombres que ponen su esperanza en esta vida. Llénales el vientre con lo que les has reservado; que sus hijos queden hartos, y dejen las sobras a los más pequeños.
[15] Pero yo, por haber sido justo, contemplaré tu rostro, al despertar me saciaré de tu presencia.