[1] (CAP. 105) ¡Aleluya! ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
[2] ¿Quién puede contar las hazañas del Señor, y proclamar todas sus alabanzas?
[3] Dichosos los que respetan el derecho, y en todo momento practican la justicia.
[4] Acuérdate de mí, por amor a tu pueblo, concédeme, Señor, tu salvación,
[5] para que vea yo la felicidad de tus elegidos, me alegre con la alegría de tu pueblo y participe en la gloria de tu nación.
[6] Hemos pecado, igual que nuestros antepasados; hemos cometido delitos y maldades.
[7] Nuestros antepasados, en Egipto, no comprendieron tus maravillas, no se acordaron de tu inmenso amor. En el mar Rojo se rebelaron contra el Altísimo,
[8] y él los salvó por amor a su nombre, y para manifestar su poder.
[9] Dio una orden al mar Rojo y quedó seco, y los condujo por el fondo como por tierra seca;
[10] los salvó de las manos de sus adversarios, los rescató de las manos de sus enemigos;
[11] cubrieron las aguas a sus opresores, ni uno solo de entre ellos escapó.
[12] Entonces creyeron en sus palabras, y cantaron su alabanza.
[13] Pero pronto olvidaron las obras del Señor, desconfiaron de sus designios,
[14] se dejaron llevar de su avidez en el desierto, y pusieron a prueba a Dios en la llanura.
[15] El les concedió lo que pedían, pero les mandó una terrible enfermedad.
[16] En el campamento tuvieron envidia de Moisés y de Aarón, el consagrado del Señor.
[17] Se abrió la tierra, se tragó a Datán y sepultó a los seguidores de Abirán:
[18] el fuego quemó a su banda, una llama consumió a los malvados.
[19] En Horeb se hicieron un becerro, y adoraron un ídolo fundido;
[20] así cambiaron a su Dios por la imagen de un toro que come hierba.
[21] Olvidaron a Dios, su salvador, al que hizo portentos en Egipto,
[22] maravillas en el país de Cam, y prodigios en el mar Rojo.
[23] Dios pensaba ya en aniquilarlos, pero Moisés, su elegido, se mantuvo firme ante él para apartar su furia destructora.
[24] Despreciaron una tierra deliciosa, no se fiaron de las promesas del Señor,
[25] murmuraron dentro de sus tiendas y desobedecieron la voz del Señor.
[26] Entonces el Señor, les juró solemnemente que los haría morir en el desierto,
[27] que dispersaría su descendencia entre las naciones, y los esparciría por los países.
[28] Dieron culto a Baal Peor, y comieron sacrificios ofrecidos a los muertos.
[29] Así provocaron al Señor con sus prácticas, y una plaga cayó sobre ellos.
[30] Entonces surgió Pinjás, ejecutó al culpable y la plaga se detuvo;
[31] y esto le fue tenido en cuenta a su favor de edad en edad, para siempre.
[32] Irritaron al Señor junto a las aguas de Meribá, y Moisés sufrió por culpa de ellos;
[33] como lo tenían tan amargado, habló sin pensar lo que decía.
[34] No exterminaron a los pueblos como el Señor les había ordenado,
[35] sino que se mezclaron con los paganos y aprendieron sus prácticas:
[36] dieron culto a sus ídolos, que fueron la causa de su ruina,
[37] e inmolaron sus hijos e hijas a los demonios.
[38] Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas que inmolaron a los ídolos de Canaán, y la tierra quedó profanada con la sangre.
[39] Así se contaminaron con sus obras y se prostituyeron imitando sus acciones.
[40] Por eso el Señor se enfureció contra su pueblo y llegó a aborrecer su heredad.
[41] Los entregó en manos de los paganos, sus adversarios los dominaron,
[42] sus enemigos los oprimieron y los doblegaron bajo su poder.
[43] El Señor los libró una y otra vez, pero ellos se mantuvieron en su actitud y perecieron por sus culpas.
[44] Entonces él miró su angustia y oyó sus gritos;
[45] recordó su alianza con ellos, se arrepintió por su gran amor
[46] e hizo que se apiadaran de ellos los que los habían deportado.
[47] Señor, Dios nuestro, sálvanos, reúnenos de entre las naciones, para que podamos celebrar tu santo nombre y cantar tu alabanza.
[48] ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, por siempre! Y diga todo el pueblo: ¡Amén! ¡Aleluya!