[1] (CAP. 29) Salmo; canto para la dedicación del templo. De David.
[2] Yo te alabo, Señor, porque me has librado, no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
[3] Señor, Dios mío, a ti grité y me sanaste;
[4] tú, Señor, me libraste del abismo, me reanimaste cuando estaba a punto de morir.
[5] ¡Canten al Señor, fieles suyos, den gracias a su santo nombre!
[6] Porque su enojo dura un instante, pero su bondad, toda la vida: por la tarde nos domina el llanto, por la mañana todo es alegría.
[7] En mi prosperidad yo pensaba: «No fracasaré nunca».
[8] Tu bondad, Señor, hizo de mí una fortaleza inaccesible; pero te escondiste, y quedé desconcertado.
[9] A ti clamo, Señor; a ti, Señor mío, te suplico.
[10] ¿Qué ganas con mi muerte, con que yo baje a la tumba? ¿Te dará gracias el polvo o anunciará tu fidelidad?
[11] ¡Escucha, Señor, ten compasión de mí, Señor, ven en mi ayuda!
[12] Tú cambiaste mi luto en danzas, me quitaste la ropa de duelo y me vestiste de fiesta;
[13] por eso te canto sin descanso: Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.