[1] (CAP. 24) Salmo de David. A ti, Señor, me dirijo suplicante;
[2] Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado, que mis enemigos no se rían de mí.
[3] No quedará defraudado el que en ti espera: quedarán defraudados los que traicionan sin motivo.
[4] Muéstrame, Señor, tus caminos, muéstrame tus sendas.
[5] Guíame en tu verdad; enséñame, pues tú eres el Dios que me salva: en ti espero todo el día.
[6] Acuérdate, Señor, de que tu ternura y tu amor son eternos.
[7] No recuerdes los pecados ni las maldades de mi juventud; acuérdate de mí, por tu amor, por tu bondad, Señor.
[8] El Señor es bueno y recto; señala el camino a los pecadores,
[9] guía por la senda del bien a los humildes, les enseña su camino.
[10] Todas las sendas del Señor son amor y fidelidad para quien guarda su alianza y cumple sus mandamientos.
[11] Por amor a tu nombre, Señor, perdona mis culpas, que son muchas.
[12] ¿Quién es el hombre que honra al Señor? El Señor le indicará el camino a seguir,
[13] vivirá feliz y su descendencia poseerá la tierra.
[14] El Señor da su confianza al que lo honra, y le da a conocer su alianza.
[15] Mis ojos están fijos en el Señor; él me libra de la trampa.
[16] Mírame y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.
[17] Aleja la angustia de mi corazón, sácame de mis sufrimientos;
[18] mira mi aflicción y mis penas, y borra todos mis pecados.
[19] Mira cuántos son mis enemigos, y con qué furor me odian.
[20] Protege mi vida y líbrame, no quede yo defraudado por haber confiado en ti.
[21] La integridad y la rectitud me protegerán, porque espero en ti, Señor.
[22] ¡Libra, oh Dios, a Israel de todas sus angustias!