[1] (CAP. 55) Al maestro de coro; con la melodía de «Paloma de la lejanía». Poema de David. Cuando los filisteos lo tenían preso en Gat.
[2] Ten piedad de mí, oh Dios, que me acosan, me están atacando y oprimiendo todo el día.
[3] Todo el día me acosan mis adversarios, son muchos los que me atacan con altanería.
[4] Cuando siento miedo, confío en ti.
[5] En Dios, cuya palabra alabo, en Dios confío y no temo. ¿Qué podrá hacerme un mortal?
[6] Todo el día me hieren sus palabras, sólo piensan en hacerme daño;
[7] se reúnen, conspiran, espían mis pasos, esperando quitarme la vida.
[8] Después de tanta maldad, ¿van a escaparse? Oh Dios, derriba con ira a los pueblos.
[9] Has registrado en tu libro mi vida de fugitivo, has recogido mis lágrimas en tu cántaro, ¿Acaso no está todo registrado en tu libro?
[10] Mis enemigos retrocederán cuando te invoque: entonces sabré que Dios está de mi parte.
[11] En Dios, en el Señor, cuya palabra alabo,
[12] en Dios confío y no temo. ¿Qué podrá hacerme el hombre?
[13] Mantengo, oh Dios, las promesas que te hice: las cumpliré con acción de gracias,
[14] pues tú libraste mi vida de la muerte, y mis pies de la caída, para que camine en presencia de Dios en la luz de los que viven.