[1] (CAP. 138) Al maestro de coro. Salmo de David. Señor, tú me examinas y me conoces,
[2] sabes cuando me siento o me levanto, desde lejos comprendes mis pensamientos.
[3] Tú adviertes si camino o si descanso, todas mis sendas te son conocidas.
[4] No está aún la palabra en mi lengua, y tú, Señor, ya la conoces.
[5] Por todas partes me rodeas, y tus manos me protegen.
[6] Es un conocimiento misterioso que me supera, una altura que no puedo alcanzar.
[7] ¿A dónde podré ir lejos de tu espíritu, a dónde escaparé de tu presencia?
[8] Si subo hasta los cielos, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.
[9] Si vuelo sobre las alas de la aurora y me instalo en el extremo del mar,
[10] también allí me alcanzará tu mano y me agarrará tu derecha.
[11] Aunque diga: «Que la oscuridad me oculte y la luz se haga noche en torno a mí»,
[12] para ti no es oscura la tiniebla, pues ante ti la noche brilla como el día.
[13] Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el vientre de mi madre.
[14] Te doy gracias porque eres sublime, tus obras son prodigiosas. Tú conoces lo profundo de mi ser,
[15] nada mío te era desconocido cuando yo me iba formando en lo oculto y era tejido en las profundidades de la tierra.
[16] Tus ojos contemplaban mis acciones, todas ellas estaban escritas en tu libro, y los días que me asignaste, antes de existir.
[17] ¡Oh Dios, qué profundos son tus proyectos, qué innumerables son todos juntos:
[18] si los cuento son más que la arena, y aunque termine, aún me quedas tú!
[19] ¡Ojalá, Dios mío, hicieras morir a los malvados, y se apartaran de mí los sanguinarios!
[20] Ellos hablan de ti con menosprecio y te atacan sin motivos.
[21] Señor, ¿no voy a odiar a los que te odian y a despreciar a los que te atacan?
[22] Sí, los odio con un odio implacable, los considero mis enemigos.
[23] ¡Examíname, oh Dios y conoce mi interior, ponme a prueba y conoce mis pensamientos;
[24] mira si en mi conducta hay maldad y guíame por el camino eterno!