[1] (CAP. 71) De Salomón. Oh Dios, da tu juicio al rey, tu justicia al heredero del trono,
[2] para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus humildes con equidad.
[3] Que las montañas traigan la paz al pueblo, y las colinas, justicia;
[4] que él defienda a los humildes del pueblo, que salve a los necesitados y aplaste al opresor.
[5] Que te respeten mientras existan el sol y la luna, de edad en edad.
[6] Que él descienda como lluvia sobre el césped, como aguacero que riega la tierra.
[7] Que florezca en sus días la justicia, y haya gran prosperidad mientras alumbre la luna.
[8] Que domine de mar a mar, desde el Eufrates hasta los extremos de la tierra.
[9] Que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo.
[10] Que los reyes de Tarsis y de los pueblos lejanos le traigan regalos, y que le paguen tributos los monarcas de Arabia y de Sabá;
[11] que se postren ante él todos los reyes, y lo sirvan todas las naciones.
[12] Porque él librará al necesitado que suplica, al humilde que no tiene defensor;
[13] tendrá compasión del necesitado y del abandonado, y salvará la vida de los necesitados.
[14] Los librará de la violencia y la opresión, porque sus vidas valen mucho para él.
[15] Que viva y que le traigan el oro de Sabá, que rueguen por él continuamente y lo bendigan todo el día.
[16] Que haya abundancia de trigo en el país, que se agite hasta en la cumbre de las montañas, que dé fruto como el Líbano y broten las espigas como la hierba del campo.
[17] Que su nombre sea perpetuo y su descendencia dure como el sol. Que traiga la bendición a las naciones, y lo proclamen dichoso.
[18] Bendito sea el Señor, Dios de Israel, el único que hace maravillas.
[19] Bendito sea su nombre glorioso para siempre; que su gloria llene toda la tierra: Amén, amén.
[20] Fin de las plegarias de David, hijo de Jesé.