[1] (CAP. 101) Oración de un afligido que, en su angustia, se lamenta ante el Señor.
[2] Señor, atiende mi oración, llegue hasta ti mi súplica;
[3] no me ocultes tu rostro cuando estoy angustiado, escúchame cuando te invoco, respóndeme en seguida.
[4] Pues mis días se esfuman como humo, mis huesos se consumen como brasas;
[5] mi corazón se seca, marchitado como hierba, y hasta me olvido de comer mi alimento.
[6] A fuerza de gritar y de gemir, la piel se me pega a los huesos;
[7] me parezco a un buho del desierto, soy como una lechuza entre las ruinas.
[8] Estoy desvelado, gimiendo como pájaro solitario en el tejado;
[9] mis enemigos me insultan sin cesar, furiosos contra mí, me maldicen.
[10] Mi alimento es la ceniza, mi bebida se mezcla con mi llanto
[11] a causa de tu enojo y tu furor, porque primero me engrandeciste, y luego me humillaste.
[12] Mis días son como sombra que pasa, y yo me voy secando como la hierba.
[13] Pero tú, Señor, reinas por siempre, tu fama dura eternamente.
[14] Por favor, compadécete de Sión; es ya tiempo que te apiades de ella.
[15] ¡Cuánto cariño tienen tus siervos a sus piedras, hasta de sus escombros sienten compasión!
[16] Los paganos honrarán tu nombre, Señor, y todos los reyes de la tierra te engrandecerán;
[17] porque tú, Señor, reconstruirás Sión y manifestarás así tu gloria,
[18] atenderás la súplica del desamparado y no rechazarás su oración.
[19] Que se escriba todo esto para las generaciones futuras, para que el pueblo que va a ser creado alabe al Señor;
[20] pues el Señor miró desde su alto templo, desde los cielos se fijó en la tierra,
[21] para atender los lamentos de los cautivos, y liberar a los condenados a muerte.
[22] Entonces se proclamará en Sión el nombre del Señor y en Jerusalén se publicará su alabanza;
[23] pueblos y reinos se reunirán para dar culto al Señor.
[24] El Señor debilitó mis fuerzas en el camino, acortó mis días.
[25] Pero le supliqué: Dios mío no cortes mi vida en la mitad de mis días, tú que permaneces para siempre.
[26] Desde antiguo pusiste los cimientos de la tierra, los cielos son obra de tus manos.
[27] Ellos perecen, pero tú permaneces, todos se desgastan como la ropa, son como un vestido que se cambia.
[28] Pero tú eres siempre el mismo, tus años no tienen término.
[29] Los hijos de tus siervos tendrán una morada, y sus descendientes estarán siempre en tu presencia.