[1] (CAP. 83) Al maestro de coro; sobre «la de Gat». Salmo de los hijos de Coré.
[2] ¡Qué deliciosa es tu morada, Señor todopoderoso!
[3] Me consumo anhelando los atrios del Señor, todo mi ser se estremece de alegría ansiando al Dios vivo.
[4] En tus altares, Señor todopoderoso, rey y Dios mío, hasta el gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido donde poner sus polluelos.
[5] Dichosos los que viven en tu casa y te alaban siempre;
[6] dichoso el que encuentra en ti su fuerza y peregrina hacia ti con sinceridad de corazón.
[7] Al pasar por Valle Arido, lo convierten en manantiales; la lluvia de otoño lo cubre de bendiciones.
[8] Caminan animosos, para ver a Dios en Sión.
[9] ¡Señor, Dios todopoderoso, escucha mi súplica, atiéndeme, Dios de Jacob!
[10] Oh Dios, escudo nuestro, mira; fíjate en el rostro de tu ungido.
[11] Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa; prefiero el umbral de la casa de mi Dios a vivir en las tiendas del malvado.
[12] Porque el Señor es sol y escudo, Dios concede gracia y gloria; el Señor no niega nada a los que proceden honradamente.
[13] Señor todopoderoso, dichoso el hombre que confía en ti.