[1] (CAP. 142) Salmo de David. Señor, escucha mi oración, atiende mi súplica, tú, que eres justo y fiel, respóndeme.
[2] No me lleves a juicio, pues nadie es inocente ante ti.
[3] El enemigo me persigue, me estrella contra el suelo, me ha hundido en la oscuridad, como los muertos para siempre;
[4] me falta ya el aliento y en mi interior se estremece el corazón.
[5] Me acuerdo del pasado, medito todas tus acciones y repaso las hazañas que has realizado;
[6] extiendo mis manos a ti, tengo sed de ti como tierra reseca.
[7] Respóndeme pronto, Señor, que me falta el aliento; no te alejes de mí, pues sería como un muerto.
[8] Hazme sentir tu amor cada mañana, que yo confío en ti; indícame el camino a seguir, porque a ti dirijo mi oración.
[9] Líbrame de mis enemigos, Señor, que me refugio en ti;
[10] enséñame a cumplir tu voluntad, pues tú eres mi Dios; que tu buen espíritu me conduzca por el camino recto.
[11] Por tu nombre, Señor, dame vida, por tu fidelidad, sácame de la angustia.
[12] Aniquila a mis enemigos, pues me amas; haz perecer a todos mis opresores, ya que soy tu siervo.