[1] (CAP. 62) Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá.
[2] Oh Dios, tú eres mi Dios, desde el amanecer te deseo; estoy sediento de ti, a ti te anhelo en una tierra sedienta, reseca, sin agua.
[3] Quisiera contemplarte en tu templo, ver tu poder y tu gloria.
[4] Tu amor vale más que la vida, te alabarán mis labios;
[5] te bendeciré mientras viva, hacia ti levantaré mis manos.
[6] Me saciaré como en un espléndido banquete, y mi boca te alabará con alegría.
[7] En mi lecho me acuerdo de ti, en ti medito durante la noche,
[8] porque tú has sido mi ayuda, y a la sombra de tus alas grito alegremente.
[9] Estoy unido a ti, tu brazo me sostiene.
[10] Ellos, los que pretenden acabar con mi vida, bajarán a las profundidades de la tierra,
[11] serán entregados a la espada, servirán de comida a los chacales.
[12] Pero el rey se alegrará en Dios, se felicitarán los que juran por él, cuando haga callar a los mentirosos.