[1] (CAP. 64) Al maestro de coro. Salmo de David; canto.
[2] Oh Dios, tú mereces que te alaben en Sión y que se cumplan las promesas que te hacen.
[3] Tú escuchas las súplicas, y a ti acude todo mortal
[4] agobiado por el peso de sus pecados; nuestros delitos nos abruman, pero tú los perdonas.
[5] Dichoso a quien eliges e invitas a vivir en tu santuario: que nos saciemos de los bienes de tu casa, de los dones sagrados de tu templo.
[6] Nos respondes con acciones maravillosas, oh Dios, salvador nuestro, esperanza de toda la tierra, y de los pueblos más lejanos.
[7] Tú afianzas las montañas con tu fuerza, revestido de poder,
[8] y serenas el rugido de los mares, el estruendo de sus olas y el clamor de los pueblos.
[9] Con tus prodigios infundes temor a los que habitan los extremos del mundo; llenas de júbilo los límites de oriente y occidente.
[10] Tú cuidas la tierra y la riegas, la colmas de abundancia; los arroyos de Dios se llenan de agua, y así preparas sus trigales:
[11] inundas los surcos, emparejas sus terrones, esponjas la tierra con lluvias, bendices sus semillas.
[12] Tú llevas el año a feliz término, a tu paso brota la abundancia;
[13] germinan los pastos del desierto, las colinas se llenan de alegría;
[14] las praderas se cubren de rebaños, los valles se visten de trigo; todos aclaman y cantan.