[1] (CAP. 40) Al maestro de coro. Salmo de David.
[2] Dichoso quien socorre al indefenso: en el momento del peligro el Señor lo pondrá a salvo.
[3] El Señor lo protegerá, lo hará vivir dichoso en la tierra, y no lo entregará a la voracidad de sus enemigos.
[4] El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, aliviará sus dolores mientras esté acostado.
[5] Yo dije: «Señor, ten piedad de mí, sáname, porque he pecado contra ti».
[6] Mis enemigos desean mi desgracia: «¿Cuándo morirá y se acabará su apellido?»
[7] Los que vienen a verme, no son sinceros, ocultan su mala intención, y al salir afuera la dicen.
[8] Todos los que me odian se reúnen a murmurar contra mí, planeando mi desgracia:
[9] «Padece una enfermedad incurable, se acostó para no levantarse jamás».
[10] Hasta mi amigo íntimo, en quien yo confiaba, el que compartía mi pan, me traiciona.
[11] Pero tú, Señor, ten piedad de mí, haz que me restablezca, y les daré su merecido.
[12] En esto sabré que me amas, en que mi enemigo no canta victoria sobre mí.
[13] Tú me sostienes, porque soy inocente, y me mantienes en tu presencia para siempre.
[14] ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, por los siglos de los siglos! ¡Amén, amén!