[1] (CAP. 43) Al maestro de coro. Oda de los hijos de Coré.
[2] Oh Dios, hemos oído lo que nuestros antepasados nos contaron la obra que realizaste en sus días, en los tiempos antiguos.
[3] Para sembrarlos a ellos expulsaste a las naciones, para hacerlos crecer, exterminaste a los pueblos;
[4] no conquistaron la tierra con su espada, ni su brazo les dio la victoria: fue tu brazo poderoso, y la luz de tu rostro, porque tú los amabas.
[5] Eras tú, rey mío y Dios mío, quien lograbas las victorias de Jacob.
[6] Contigo derrotábamos a nuestros adversarios, en tu nombre aplastábamos a nuestros agresores.
[7] No confiaba yo en mi arco, ni mi espada me dio la victoria:
[8] tú nos hacías vencer a nuestros adversarios, tú desconcertabas a nuestros enemigos.
[9] Dios ha sido siempre nuestro orgullo, daremos gracias a su nombre sin cesar.
[10] Pero ahora nos rechazas y permites que se burlen de nosotros; ya no acompañas a nuestras tropas.
[11] Nos haces retroceder ante nuestros adversarios, y nuestros enemigos nos han saqueado.
[12] Nos entregas como ovejas destinadas al matadero, y nos has dispersado entre las naciones;
[13] vendes tu pueblo a bajo precio; bien poco ganas con su venta.
[14] Nos haces motivo de burla para nuestros vecinos, risa y desprecio para cuantos nos rodean;
[15] nos has hecho el comentario de las naciones, ante nosotros los pueblos menean la cabeza.
[16] Tengo siempre presente mi deshonra, y la vergüenza cubre mi rostro
[17] ante los gritos de insulto y los ultrajes, ante los enemigos y los rivales.
[18] Todo esto nos ha sucedido sin habernos olvidado de ti, sin haber quebrantado tu alianza,
[19] sin que nuestro corazón te abandonara ni se desviaran de tu senda nuestros pasos;
[20] pero nos has triturado en un lugar desierto, nos has rodeado de oscuridad.
[21] Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios, o levantado nuestras manos a otros dioses,
[22] ¿no lo habría descubierto Dios, que penetra los secretos del corazón?
[23] Por tu causa estamos en peligro de muerte cada día, somos tratados como ovejas destinadas al matadero.
[24] ¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor mío? ¡Levántate, no nos rechaces para siempre!
[25] ¿Por qué te desentiendes de nosotros y olvidas nuestra miseria y opresión?
[26] Estamos hundidos en el polvo con el vientre pegado a la tierra.
[27] ¡Levántate en nuestra ayuda; por tu amor, rescátanos!