[1] (CAP. 33) De David, cuando se fingió loco ante Abimélec y, expulsado por él, se fue.
[2] Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca.
[3] Mi ser se gloría en el Señor, que los humildes lo oigan y se alegren.
[4] Engrandezcan conmigo al Señor, ensalcemos juntos su nombre.
[5] Busqué al Señor y él me respondió, me libró de todos mis temores.
[6] Miren hacia él: quedarán radiantes, y la vergüenza no cubrirá sus rostros.
[7] Cuando el humilde invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de todas sus angustias.
[8] El ángel del Señor viene a acampar en torno a sus fieles y los protege.
[9] Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en él.
[10] Respeten al Señor, todos sus devotos, que nada les falta a quienes lo respetan.
[11] Los ricos se arruinan y pasan hambre, pero los que buscan al Señor no les falta nada.
[12] Vengan, hijos, escúchenme: voy a enseñarles el temor del Señor.
[13] ¿Quién hay que ame la vida, y desee tener días felices?
[14] Guarda tu lengua del mal y tus labios de la mentira,
[15] apártate del mal y obra el bien, busca la paz y corre tras ella.
[16] Los ojos del Señor están atentos a los justos, sus oídos, a sus gritos de auxilio,
[17] pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su recuerdo.
[18] Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de todas sus angustias.
[19] El Señor está cerca de los que sufren y salva a los que están desconsolados.
[20] Muchas son las desgracias del justo, pero de todas lo libra el Señor;
[21] cuida de todos sus huesos, ni uno solo se romperá.
[22] La maldad hará que muera el malvado, los que odian al justo serán castigados;
[23] porque el Señor redime a sus siervos, y no serán castigados los que se refugian en él.