[1] Oh Dios, ¿por qué nos has rechazado tanto tiempo? ¿Por qué es tan intensa tu ira contra las ovejas de tu propia manada?
[2] Recuerda que somos el pueblo que elegiste hace tanto tiempo, ¡la tribu a la cual redimiste como tu posesión más preciada! Y acuérdate de Jerusalén, tu hogar aquí en la tierra.
[3] Camina por las espantosas ruinas de la ciudad; mira cómo el enemigo ha destruido tu santuario.
[4] Allí tus enemigos dieron gritos victoriosos de guerra; allí levantaron sus estandartes de batalla.
[5] Blandieron sus hachas como leñadores en el bosque.
[6] Con hachas y picos, destrozaron los paneles tallados.
[7] Redujeron tu santuario a cenizas; profanaron el lugar que lleva tu nombre.
[8] Luego pensaron: «¡Destruyamos todo!». Entonces quemaron por completo todos los lugares de adoración a Dios.
[9] Ya no vemos tus señales milagrosas; ya no hay más profetas, y nadie puede decirnos cuándo acabará todo esto.
[10] ¿Hasta cuándo, oh Dios, dejarás que tus enemigos te insulten? ¿Permitirás que deshonren tu nombre para siempre?
[11] ¿Por qué contienes tu fuerte brazo derecho? Descarga tu poderoso puño y destrúyelos.
[12] Tú, oh Dios, eres mi rey desde hace siglos; traes salvación a la tierra.
[13] Dividiste el mar con tu fuerza y les rompiste la cabeza a los monstruos marinos.
[14] Aplastaste las cabezas del Leviatán y dejaste que se lo comieran los animales del desierto.
[15] Hiciste que brotaran los manantiales y los arroyos, y secaste ríos que jamás se secan.
[16] Tanto el día como la noche te pertenecen; tú creaste el sol y la luz de las estrellas.
[17] Estableciste los límites de la tierra e hiciste el verano, así como el invierno.
[18] Mira cómo te insultan estos enemigos, Señor; una nación insensata ha deshonrado tu nombre.
[19] No permitas que estas bestias salvajes destruyan a tus tórtolas; no te olvides para siempre de tu pueblo dolido.
[20] Recuerda las promesas de tu pacto, ¡porque la tierra está llena de oscuridad y violencia!
[21] No permitas que humillen otra vez a los oprimidos; en cambio, deja que el pobre y el necesitado alaben tu nombre.
[22] Levántate, oh Dios, y defiende tu causa; recuerda cómo te insultan estos necios todo el día.
[23] No pases por alto lo que han dicho tus enemigos ni su creciente alboroto.