[1] Levántate, oh Dios, y dispersa a tus enemigos; que todos los que odian a Dios corran por sus vidas.
[2] Sóplalos y disípalos como si fueran humo; derrítelos como la cera en el fuego. Que los malvados perezcan en la presencia de Dios.
[3] Pero que los justos se alegren. Que se gocen en la presencia de Dios; que estén llenos de alegría.
[4] ¡Canten alabanzas a Dios y a su nombre! Canten alabanzas en alta voz al que cabalga sobre las nubes. Su nombre es el Señor; ¡alégrense en su presencia!
[5] Padre de los huérfanos, defensor de las viudas, este es Dios y su morada es santa.
[6] Dios ubica a los solitarios en familias; pone en libertad a los prisioneros y los llena de alegría. Pero a los rebeldes los hace vivir en una tierra abrasada por el sol.
[7] Oh Dios, cuando sacaste a tu pueblo de Egipto, cuando marchaste a través de las áridas tierras baldías, Interludio
[8] la tierra tembló y los cielos derramaron lluvia a raudales delante de ti, el Dios del Sinaí, delante de Dios, el Dios de Israel.
[9] Enviaste lluvia en abundancia, oh Dios, para refrescar la tierra agotada.
[10] Finalmente allí se estableció tu pueblo y, con una abundante cosecha, oh Dios, proveíste para tu pueblo necesitado.
[11] El Señor da la palabra, y un gran ejército trae las buenas noticias.
[12] Los reyes enemigos y sus ejércitos huyen mientras las mujeres de Israel reparten el botín.
[13] Hasta los que vivían entre los rediles encontraron tesoros, palomas con alas de plata y plumas de oro.
[14] El Todopoderoso esparció a los reyes enemigos como una tormenta de nieve que sopla en el monte Salmón.
[15] Las montañas de Basán son majestuosas, con muchas cumbres altas que llegan al cielo.
[16] Oh montañas empinadas, ¿por qué miran con envidia al monte Sion, donde Dios decidió vivir, donde el Señor vivirá para siempre?
[17] Rodeado de incontables millares de carros de guerra, el Señor llegó del monte Sinaí y entró en su santuario.
[18] Cuando ascendiste a las alturas, llevaste a una multitud de cautivos; recibiste regalos de la gente, incluso de quienes se rebelaron contra ti. Ahora el Señor Dios vivirá allí, en medio de nosotros.
[19] ¡Alaben al Señor; alaben a Dios nuestro salvador! Pues cada día nos lleva en sus brazos. Interludio
[20] ¡Nuestro Dios es un Dios que salva! El Señor Soberano nos rescata de la muerte.
[21] Pero Dios aplastará las cabezas de sus enemigos; aplastará los cráneos de los que aman sus caminos perversos.
[22] El Señor dice: «Haré descender a mis enemigos desde Basán; los levantaré desde las profundidades del mar.
[23] Ustedes, pueblo mío, se lavarán los pies en la sangre de ellos, ¡y hasta los perros tendrán su porción!».
[24] Ya asoma tu procesión, oh Dios, la procesión de mi Dios y Rey mientras él entra en el santuario.
[25] Los cantores van adelante, los músicos van detrás; en medio hay jovencitas que tocan panderetas.
[26] Alaben a Dios, todos los del pueblo de Israel; alaben al Señor, la fuente de vida de Israel.
[27] Miren, la pequeña tribu de Benjamín va al frente; le sigue una gran multitud de gobernantes de Judá y todos los gobernantes de Zabulón y Neftalí.
[28] Oh Dios, haz que tu poder se presente; despliega tu poder, oh Dios, como lo has hecho en el pasado.
[29] Los reyes de la tierra traen tributo a tu templo en Jerusalén.
[30] Reprende a estas naciones enemigas, a estos animales salvajes que acechan entre los juncos, a esta manada de toros en medio de los becerros más débiles. Hazlos traer barras de plata como humilde tributo. Dispersa a las naciones que se deleitan en la guerra.
[31] Que Egipto venga con regalos de metales preciosos; que Etiopía le lleve tributo a Dios.
[32] Canten a Dios, reinos de la tierra; canten alabanzas al Señor. Interludio
[33] Canten al que cabalga por los cielos antiguos; su poderosa voz truena desde los cielos.
[34] Cuéntenles a todos acerca del poder de Dios. Su majestad brilla sobre Israel; su fuerza es poderosa en los cielos.
[35] Dios es imponente en su santuario; el Dios de Israel le da poder y fuerza a su pueblo. ¡Alabado sea Dios!