[1] El Señor le dijo a mi Señor: «Siéntate en el lugar de honor a mi derecha, hasta que humille a tus enemigos y los ponga por debajo de tus pies».
[2] El Señor extenderá tu poderoso reino desde Jerusalén, y gobernarás a tus enemigos.
[3] Cuando vayas a la guerra, tu pueblo te servirá por voluntad propia. Estás envuelto en vestiduras santas, y tu fuerza se renovará cada día como el rocío de la mañana.
[4] El Señor ha hecho un juramento y no romperá su promesa: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec».
[5] El Señor está a tu derecha para protegerte; derribará a muchos reyes cuando estalle su enojo.
[6] Castigará a las naciones y llenará de cadáveres sus territorios; destrozará cabezas por toda la tierra.
[7] Pero él se refrescará en los arroyos junto al camino. Saldrá vencedor.