[1] Abimélec, hijo de Yerubaal, se fue a casa de los hermanos de su madre en Siquén y les dijo a ellos y a toda la familia de su madre:
[2] –Pregunten a todos los nobles de Siquén: «¿Qué prefieren? ¿Ser gobernados por setenta hombres, todos los hijos de Yerubaal, o por uno sólo?» Y no olviden que yo soy de su propia familia.
[3] Los hermanos de su madre comunicaron su mensaje a los nobles de Siquén, y ellos se pusieron de parte de Abimélec, pensando: «Es nuestro hermano».
[4] Y le dieron setenta monedas de plata del templo de Baal Berit. Con ellas, Abimélec contrató a unos cuantos vagos y aventureros que lo siguieron.
[5] Después fue a casa de su padre, en Ofrá, y mató a sus hermanos, los hijos de Yerubaal, a los setenta a la vez. Sólo se salvó Yotán, el hijo menor de Yerubaal, que se había escondido.
[6] Todos los nobles de Siquén y los de Bet Miló se reunieron y proclamaron rey a Abimélec junto al terebinto y a la piedra conmemorativa que hay en Siquén.
[7] Informado de esto, Yotán subió a la cumbre del Garizín, y desde allí gritó: ¡Escúchenme, nobles de Siquén, y que Dios los escuche!
[8] Una vez los árboles quisieron elegirse un rey. Dijeron al olivo: «Reina sobre nosotros».
[9] Pero el olivo les respondió: «¿Voy a renunciar yo al aceite con el cual se honra a Dios y a los hombres para ir a mecerme sobre los árboles?»
[10] Entonces dijeron a la higuera: «Ven tú y reina sobre nosotros».
[11] Pero la higuera respondió: «¿Voy a renunciar yo a la dulzura de mi fruto para ir a mecerme sobre los árboles?»
[12] Entonces dijeron a la parra: «Ven tú y reina sobre nosotros».
[13] Pero la parra respondió: «¿Voy yo a renunciar a mi vino, alegría de Dios y de los hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?»
[14] Entonces dijeron a la zarza: «Ven tú y reina sobre nosotros».
[15] Y la zarza les respondió: «Si de verdad quieren que sea su rey, vengan y refúgiense bajo mi sombra; y, si no, que salga fuego de la zarza y consuma a los cedros del Líbano».
[16] Pues bien; ¿les parece justo y honrado haber elegido como rey a Abimélec y no haberse portado con Yerubaal y con su familia como se merecían?
[17] Mi padre luchó por ustedes, exponiendo su propia vida para librarlos del dominio de Madián,
[18] y ustedes se han sublevado hoy contra la familia de mi padre, han matado a sus hijos, a los setenta a la vez, y han nombrado rey sobre los nobles de Siquén a Abimélec, el hijo de una esclava suya, sólo porque es hermano de ustedes.
[19] Si han procedido leal y noblemente con Yerubaal y su familia en el día de hoy, que Abimélec sea motivo de alegría para ustedes y ustedes para él;
[20] pero si no, que salga fuego de Abimélec y consuma a los nobles de Siquén y de Bet Miló, y que salga fuego de los nobles de Siquén y de Bet Miló y consuma a Abimélec.
[21] Dicho esto, Yotán se retiró, huyó y fue a refugiarse en Ber, donde vivió lejos de su hermano Abimélec.
[22] Abimélec gobernó durante tres años sobre Israel.
[23] Después, Dios mandó un espíritu de discordia entre Abimélec y los nobles de Siquén, y éstos traicionaron a Abimélec,
[24] para que el castigo por el crimen cometido contra los setenta hijos de Yerubaal recayera sobre su hermano Abimélec, que los había matado, y sobre los nobles de Siquén que habían sido cómplices de aquel crimen.
[25] Los de Siquén pusieron emboscadas en las cumbres de las montañas y saqueaban a los transeúntes que pasaban cerca de ellos. Abimélec fue informado de esto.
[26] Gaal, hijo de Obed, vino con sus hermanos a Siquén y se ganó la confianza de los nobles;
[27] éstos salieron al campo, cosecharon sus viñas, hicieron vino y organizaron fiestas; entraron en el templo de su dios, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimélec.
[28] Gaal, hijo de Obed, dijo: –¿Quién es Abimélec y quién es Siquén, para que tengamos que someternos a ellos? ¿No estuvieron sometidos Abimélec y su lugarteniente Zebul a los hombres de Jamor, padre de Siquén? ¿Por qué, entonces, vamos nosotros a estar sometidos a Abimélec?
[29] ¡Ah, si tuviera poder sobre este pueblo! Quitaría de en medio a Abimélec. Le diría: «Refuerza tu ejército y ven a combatir».
[30] Enterado Zebul, gobernador de la ciudad, de estas palabras de Gaal, hijo de Obed, se enfureció
[31] y envió mensajeros a Abimélec, para comunicarle: –Gaal, hijo de Obed, ha venido a Siquén con sus hermanos y están sublevando la ciudad contra ti.
[32] Sal esta misma noche con tu gente y tiéndeles una emboscada en el campo.
[33] Mañana por la mañana, al salir el sol, levántate y ataca la ciudad; cuando Gaal salga con los suyos para atacarte, podrás hacer con ellos lo que te parezca.
[34] Abimélec se levantó de noche con su gente y tendieron una emboscada frente a Siquén en cuatro grupos.
[35] Gaal, hijo de Obed, salió y se detuvo en la puerta de la ciudad. Abimélec y su gente salieron de la emboscada.
[36] Gaal los vio y dijo a Zebul: –Mira, baja gente de las cumbres de las montañas. Zebul le respondió: –Son las sombras de las montañas que te parecen hombres.
[37] Gaal insistió: –Es gente que baja del Ombligo de la Tierra y otro grupo viene por el camino de la Encina de los Adivinos.
[38] Zebul le dijo: –¿No eras tú el que decías: «Quién es Abimélec para que estemos sometidos a él»? ¿No es ésta la gente a la que tú despreciabas? Sal, pues, ahora y preséntales batalla.
[39] Gaal salió al frente de los nobles de Siquén y luchó con Abimélec,
[40] pero Abimélec lo persiguió, y él emprendió la huida; muchos cayeron muertos antes de alcanzar la puerta de la ciudad.
[41] Abimélec regresó a Arumá, y Zebul expulsó a Gaal y a sus hermanos, prohibiéndoles habitar en Siquén.
[42] Al día siguiente, los de Siquén salieron al campo, y Abimélec se enteró;
[43] tomó a sus hombres, los dividió en tres grupos y tendió una emboscada en el campo. Cuando vio que la gente salía de la ciudad, los atacó y los derrotó.
[44] Abimélec y su grupo tomaron posiciones y ocuparon la entrada de la ciudad. Los otros dos grupos se lanzaron contra los que estaban en el campo y los derrotaron.
[45] Abimélec luchó todo aquel día contra la ciudad, la conquistó, mató a sus habitantes, la arrasó y esparció sal sobre ella.
[46] Al saberlo los nobles de Torre de Siquén, se refugiaron en la cripta del templo de El Berit.
[47] Abimélec se enteró de que estaban reunidos los nobles de Torre de Siquén y
[48] subió con su gente al monte Salmón. Tomó en su mano un hacha, cortó una rama de un árbol, la cargó sobre sus espaldas y dijo a la gente: –Hagan rápidamente lo que me han visto hacer.
[49] Cada uno cortó su rama, siguieron a Abimélec, colocaron las ramas encima de la cripta y le prendieron fuego con ellos dentro. Así perecieron los de Torre de Siquén, unos mil entre hombres y mujeres.
[50] Después Abimélec se dirigió contra Tebes, la sitió y la conquistó.
[51] Había en medio de la ciudad una torre fortificada donde se refugiaron todos los hombres, mujeres y nobles de la ciudad; cerraron la puerta por dentro y subieron a lo alto de la torre.
[52] Abimélec llegó hasta la torre para atacarla. Se acercó a la puerta para incendiarla,
[53] pero entonces una mujer le tiró una gran piedra y le rompió la cabeza.
[54] Inmediatamente Abimélec llamó a su escudero y le dijo: –Saca la espada y mátame, para que no se diga que me mató una mujer. Su escudero lo atravesó y murió.
[55] Cuando la gente de Israel vio que Abimélec había muerto, regresó cada uno a su casa.
[56] Así hizo recaer Dios sobre Abimélec todo el mal que él había hecho a su padre matando a sus setenta hermanos.
[57] Igualmente hizo recaer sobre los hombres de Siquén el mal que habían hecho. De este modo se cumplió la maldición de Yotán, hijo de Yerubaal.