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Jueces 9

[1] Abimélec, hijo de Yerubaal, se fue a casa de los hermanos de su madre en Siquén y les dijo a ellos y a toda la familia de su madre:

[2] –Pregunten a todos los nobles de Siquén: «¿Qué prefieren? ¿Ser gobernados por setenta hombres, todos los hijos de Yerubaal, o por uno sólo?» Y no olviden que yo soy de su propia familia.

[3] Los hermanos de su madre comunicaron su mensaje a los nobles de Siquén, y ellos se pusieron de parte de Abimélec, pensando: «Es nuestro hermano».

[4] Y le dieron setenta monedas de plata del templo de Baal Berit. Con ellas, Abimélec contrató a unos cuantos vagos y aventureros que lo siguieron.

[5] Después fue a casa de su padre, en Ofrá, y mató a sus hermanos, los hijos de Yerubaal, a los setenta a la vez. Sólo se salvó Yotán, el hijo menor de Yerubaal, que se había escondido.

[6] Todos los nobles de Siquén y los de Bet Miló se reunieron y proclamaron rey a Abimélec junto al terebinto y a la piedra conmemorativa que hay en Siquén.

[7] Informado de esto, Yotán subió a la cumbre del Garizín, y desde allí gritó: ¡Escúchenme, nobles de Siquén, y que Dios los escuche!

[8] Una vez los árboles quisieron elegirse un rey. Dijeron al olivo: «Reina sobre nosotros».

[9] Pero el olivo les respondió: «¿Voy a renunciar yo al aceite con el cual se honra a Dios y a los hombres para ir a mecerme sobre los árboles?»

[10] Entonces dijeron a la higuera: «Ven tú y reina sobre nosotros».

[11] Pero la higuera respondió: «¿Voy a renunciar yo a la dulzura de mi fruto para ir a mecerme sobre los árboles?»

[12] Entonces dijeron a la parra: «Ven tú y reina sobre nosotros».

[13] Pero la parra respondió: «¿Voy yo a renunciar a mi vino, alegría de Dios y de los hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?»

[14] Entonces dijeron a la zarza: «Ven tú y reina sobre nosotros».

[15] Y la zarza les respondió: «Si de verdad quieren que sea su rey, vengan y refúgiense bajo mi sombra; y, si no, que salga fuego de la zarza y consuma a los cedros del Líbano».

[16] Pues bien; ¿les parece justo y honrado haber elegido como rey a Abimélec y no haberse portado con Yerubaal y con su familia como se merecían?

[17] Mi padre luchó por ustedes, exponiendo su propia vida para librarlos del dominio de Madián,

[18] y ustedes se han sublevado hoy contra la familia de mi padre, han matado a sus hijos, a los setenta a la vez, y han nombrado rey sobre los nobles de Siquén a Abimélec, el hijo de una esclava suya, sólo porque es hermano de ustedes.

[19] Si han procedido leal y noblemente con Yerubaal y su familia en el día de hoy, que Abimélec sea motivo de alegría para ustedes y ustedes para él;

[20] pero si no, que salga fuego de Abimélec y consuma a los nobles de Siquén y de Bet Miló, y que salga fuego de los nobles de Siquén y de Bet Miló y consuma a Abimélec.

[21] Dicho esto, Yotán se retiró, huyó y fue a refugiarse en Ber, donde vivió lejos de su hermano Abimélec.

[22] Abimélec gobernó durante tres años sobre Israel.

[23] Después, Dios mandó un espíritu de discordia entre Abimélec y los nobles de Siquén, y éstos traicionaron a Abimélec,

[24] para que el castigo por el crimen cometido contra los setenta hijos de Yerubaal recayera sobre su hermano Abimélec, que los había matado, y sobre los nobles de Siquén que habían sido cómplices de aquel crimen.

[25] Los de Siquén pusieron emboscadas en las cumbres de las montañas y saqueaban a los transeúntes que pasaban cerca de ellos. Abimélec fue informado de esto.

[26] Gaal, hijo de Obed, vino con sus hermanos a Siquén y se ganó la confianza de los nobles;

[27] éstos salieron al campo, cosecharon sus viñas, hicieron vino y organizaron fiestas; entraron en el templo de su dios, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimélec.

[28] Gaal, hijo de Obed, dijo: –¿Quién es Abimélec y quién es Siquén, para que tengamos que someternos a ellos? ¿No estuvieron sometidos Abimélec y su lugarteniente Zebul a los hombres de Jamor, padre de Siquén? ¿Por qué, entonces, vamos nosotros a estar sometidos a Abimélec?

[29] ¡Ah, si tuviera poder sobre este pueblo! Quitaría de en medio a Abimélec. Le diría: «Refuerza tu ejército y ven a combatir».

[30] Enterado Zebul, gobernador de la ciudad, de estas palabras de Gaal, hijo de Obed, se enfureció

[31] y envió mensajeros a Abimélec, para comunicarle: –Gaal, hijo de Obed, ha venido a Siquén con sus hermanos y están sublevando la ciudad contra ti.

[32] Sal esta misma noche con tu gente y tiéndeles una emboscada en el campo.

[33] Mañana por la mañana, al salir el sol, levántate y ataca la ciudad; cuando Gaal salga con los suyos para atacarte, podrás hacer con ellos lo que te parezca.

[34] Abimélec se levantó de noche con su gente y tendieron una emboscada frente a Siquén en cuatro grupos.

[35] Gaal, hijo de Obed, salió y se detuvo en la puerta de la ciudad. Abimélec y su gente salieron de la emboscada.

[36] Gaal los vio y dijo a Zebul: –Mira, baja gente de las cumbres de las montañas. Zebul le respondió: –Son las sombras de las montañas que te parecen hombres.

[37] Gaal insistió: –Es gente que baja del Ombligo de la Tierra y otro grupo viene por el camino de la Encina de los Adivinos.

[38] Zebul le dijo: –¿No eras tú el que decías: «Quién es Abimélec para que estemos sometidos a él»? ¿No es ésta la gente a la que tú despreciabas? Sal, pues, ahora y preséntales batalla.

[39] Gaal salió al frente de los nobles de Siquén y luchó con Abimélec,

[40] pero Abimélec lo persiguió, y él emprendió la huida; muchos cayeron muertos antes de alcanzar la puerta de la ciudad.

[41] Abimélec regresó a Arumá, y Zebul expulsó a Gaal y a sus hermanos, prohibiéndoles habitar en Siquén.

[42] Al día siguiente, los de Siquén salieron al campo, y Abimélec se enteró;

[43] tomó a sus hombres, los dividió en tres grupos y tendió una emboscada en el campo. Cuando vio que la gente salía de la ciudad, los atacó y los derrotó.

[44] Abimélec y su grupo tomaron posiciones y ocuparon la entrada de la ciudad. Los otros dos grupos se lanzaron contra los que estaban en el campo y los derrotaron.

[45] Abimélec luchó todo aquel día contra la ciudad, la conquistó, mató a sus habitantes, la arrasó y esparció sal sobre ella.

[46] Al saberlo los nobles de Torre de Siquén, se refugiaron en la cripta del templo de El Berit.

[47] Abimélec se enteró de que estaban reunidos los nobles de Torre de Siquén y

[48] subió con su gente al monte Salmón. Tomó en su mano un hacha, cortó una rama de un árbol, la cargó sobre sus espaldas y dijo a la gente: –Hagan rápidamente lo que me han visto hacer.

[49] Cada uno cortó su rama, siguieron a Abimélec, colocaron las ramas encima de la cripta y le prendieron fuego con ellos dentro. Así perecieron los de Torre de Siquén, unos mil entre hombres y mujeres.

[50] Después Abimélec se dirigió contra Tebes, la sitió y la conquistó.

[51] Había en medio de la ciudad una torre fortificada donde se refugiaron todos los hombres, mujeres y nobles de la ciudad; cerraron la puerta por dentro y subieron a lo alto de la torre.

[52] Abimélec llegó hasta la torre para atacarla. Se acercó a la puerta para incendiarla,

[53] pero entonces una mujer le tiró una gran piedra y le rompió la cabeza.

[54] Inmediatamente Abimélec llamó a su escudero y le dijo: –Saca la espada y mátame, para que no se diga que me mató una mujer. Su escudero lo atravesó y murió.

[55] Cuando la gente de Israel vio que Abimélec había muerto, regresó cada uno a su casa.

[56] Así hizo recaer Dios sobre Abimélec todo el mal que él había hecho a su padre matando a sus setenta hermanos.

[57] Igualmente hizo recaer sobre los hombres de Siquén el mal que habían hecho. De este modo se cumplió la maldición de Yotán, hijo de Yerubaal.

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