[1] Sansón fue a Gaza, vio allí una prostituta y entró en su casa.
[2] La noticia corrió por Gaza: –¡Sansón está aquí! Lo cercaron y estuvieron vigilando las puertas de la ciudad. Pasaron confiados la noche, diciéndose: –Esperemos a que llegue el día y lo mataremos.
[3] Sansón estuvo acostado hasta medianoche. A medianoche se levantó, agarró la puerta de la ciudad con sus postes y cerradura, la cargó sobre sus hombros y la llevó a la cumbre de la montaña que está frente a Hebrón.
[4] Después de esto, se enamoró de una mujer del valle de Sórec, llamada Dalila.
[5] Los jefes de los filisteos subieron donde se encontraba ella y le propusieron: –Sedúcelo y averigua de dónde le viene su extraordinaria fuerza y cómo podríamos dominarlo para atarlo y reducirlo a la impotencia. Te daremos cada uno mil monedas de plata.
[6] Dalila dijo a Sansón: –Dime, por favor, de dónde procede tu extraordinaria fuerza y cómo habría que atarte para que no te puedas soltar.
[7] Sansón le contestó: –Si me ataran con siete cuerdas frescas sin secar, me quedaría sin fuerza y sería como otro hombre cualquiera.
[8] Los jefes de los filisteos dieron a la mujer las siete cuerdas frescas sin secar, y le ató con ellas.
[9] Ella tenía gente escondida en su habitación, y le gritó: –¡Sansón, los filisteos! El rompió las cuerdas como se rompe un hilo al contacto con el fuego. Y no se supo el secreto de su fuerza.
[10] Dalila dijo a Sansón: –Me has engañado, me has dicho una mentira. Díme cómo habría que atarte.
[11] El le respondió: –Si me ataran fuertemente con cuerdas nuevas sin usar, me quedaría sin fuerza y sería como otro hombre cualquiera.
[12] Tomó Dalila cuerdas nuevas, lo ató con ellas y le gritó: –¡Sansón, los filisteos! Ella tenía gente escondida en su habitación, pero él rompió como un hilo las cuerdas que tenía en los brazos.
[13] Dalila le dijo: –Hasta ahora me has estado engañando y diciéndome mentiras. Dime ya cómo habría que atarte. El respondió: –Si entretejes las siete trenzas de mi cabellera con la cuerda de un telar y las sujetas con un clavo de tejedor, me quedaría sin fuerza y sería como otro hombre cualquiera.
[14] Ella hizo que se durmiera y entretejió las siete trenzas de su cabellera con la cuerda de un telar, las sujetó con una estaca de tejedor y gritó: –¡Sansón, los filisteos! Pero él se despertó y arrancó la cuerda y el clavo de tejedor. Y no se supo el secreto de su fuerza.
[15] Dalila le dijo: –¿Cómo puedes asegurar que me amas si no tienes confianza en mí? Por tres veces te has burlado de mí y no me has descubierto el secreto de tu extraordinaria fuerza.
[16] Y así le insistía un día y otro, y lo molestaba causándole un gran fastidio.
[17] Así que tuvo que decirle la verdad: –La navaja no ha pasado nunca por mi cabeza, porque estoy consagrado a Dios desde el vientre de mi madre. Si me cortaran el pelo totalmente, perdería mi fuerza, me debilitaría y sería como otro hombre cualquiera.
[18] Dalila intuyó que le había dicho la verdad. Y mandó decir a los jefes de los filisteos: –Vengan, porque esta vez me ha dicho la verdad. Los jefes de los filisteos vinieron donde se encontraba ella, trayendo el dinero.
[19] Ella hizo dormir a Sansón sobre sus rodillas y llamó a un hombre, que le cortó las siete trenzas de su cabeza. Entonces él comenzó a perder su vigor, y su fuerza lo abandonó.
[20] Ella gritó: –¡Sansón, los filisteos! El se despertó pensando: «Saldré victorioso como tantas otras veces y me libraré de ellos». Pero no sabía que el Señor lo había abandonado.
[21] Entonces, los filisteos lo apresaron, le sacaron los ojos y lo llevaron a Gaza. Lo ataron con doble cadena de bronce y lo pusieron a trabajar en el molino de la prisión.
[22] Pero el pelo de su cabeza comenzó a crecer inmediatamente después de cortárselo.
[23] Los jefes de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón, su dios, y llenos de alegría proclamaban: Nuestro dios nos ha entregado a Sansón, nuestro enemigo.
[24] El pueblo, al verlo, alababa a su dios, gritando: Nuestro dios nos ha entregado a Sansón, nuestro enemigo, que destruía nuestro país y a tantos de los nuestros mató.
[25] En medio de su alegría, dijeron: –Que traigan a Sansón para que nos divierta. Trajeron a Sansón de la cárcel y se divirtieron a su costa. Luego lo colocaron entre las columnas.
[26] Entonces Sansón dijo al joven que lo llevaba de la mano: –Llévame hasta las columnas sobre las que descansa el edificio para que pueda apoyarme en ellas.
[27] El edificio estaba lleno de hombres y mujeres. Estaban todos los jefes de los filisteos, y había en la terraza unos tres mil hombres y mujeres divirtiéndose a costa de Sansón.
[28] Sansón invocó al Señor así: –Señor, Señor, te suplico que te acuerdes de mí; dame al menos por esta vez la fuerza necesaria para vengarme de un solo golpe de todos los filisteos por la pérdida de mis ojos.
[29] Sansón palpó las dos columnas centrales sobre las que descansaba el edificio e hizo presión sobre ellas, sobre una con la mano derecha y sobre la otra con la mano izquierda.
[30] Y gritó: –¡Muera yo con los filisteos! Las sacudió con toda su fuerza, y el edificio se derrumbó sobre los jefes y sobre todo el pueblo que estaba allí. Y los que mató al morir fueron más que los que mató en vida.
[31] Sus hermanos y toda la familia de su padre bajaron y se lo llevaron. Lo sepultaron entre Sorá y Estaol, en la tumba de Manoj, su padre. Sansón actuó como juez en Israel durante veinte años.