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Jueces 8

[1] Los de Efraín dijeron a Gedeón: –¿Qué nos has hecho? ¿Por qué no nos llamaste cuando ibas a combatir contra Madián? Y se enojaron mucho con él.

[2] El les dijo: –¿Qué vale mi hazaña comparada con la de ustedes? ¿No vale más un solo racimo de Efraín que toda la cosecha de uvas de Abiezer?

[3] El Señor entregó en sus manos a los jefes de Madián, Oreb y Zeb. ¿Se puede comparar lo que yo he hecho con lo que han hecho ustedes? Y ante estas palabras, se calmó su enojo contra Gedeón.

[4] Gedeón llegó al río Jordán con sus trescientos hombres y lo cruzó; iban muertos de hambre y de sed.

[5] Entonces dijo a los habitantes de Sucot: –Les ruego que den unos cuantos panes grandes a mis hombres, porque están extenuados, y quiero continuar persiguiendo a Zébaj y a Salmuná, reyes de Madián.

[6] Los jefes de Sucot le respondieron: –¿Acaso tienes ya en tus manos a Zébaj y a Salmuná, para que tengamos que abastecer de pan a tu ejército?

[7] Gedeón contestó: –Bien, cuando el Señor me entregue a Zébaj y a Salmuná desgarraré las carnes de ustedes con espinos y cardos del desierto.

[8] Desde allí subió a Penuel y les hizo la misma petición. Los de Penuel le respondieron lo mismo que los de Sucot.

[9] Y él les contestó de la misma manera: –Cuando regrese vencedor, derribaré esta torre.

[10] Zébaj y Salmuná estaban en Carcor con sus ejércitos, unos quince mil hombres, todos los que habían quedado del ejército de oriente. El número de los caídos era de ciento veinte mil.

[11] Gedeón subió por el camino de los nómadas, al este de Nobaj y de Yogboá, y atacó el campamento cuando menos lo esperaban.

[12] Zébaj y Salmuná huyeron, pero Gedeón los persiguió, los hizo prisioneros y derrotó a todo su ejército.

[13] Cuando Gedeón, hijo de Joás, regresaba de la batalla por la cuesta de Járes,

[14] apresó a un joven de Sucot, lo interrogó, y él le dio por escrito los nombres de los jefes de Sucot y de sus ancianos, que eran setenta y siete en total.

[15] Entonces Gedeón se dirigió a la gente de Sucot y les dijo: –Aquí están Zébaj y Salmuná, por cuyo motivo ustedes se han burlado de mí, diciendo: «¿Acaso tienes ya en tus manos a Zébaj y a Salmuná para que tengamos que abastecer de pan a tu ejército hambriento?»

[16] Después apresó a los ancianos de Sucot y desgarró sus carnes con espinos y cardos del desierto.

[17] Derribó la torre de Penuel y mató a los hombres de la ciudad.

[18] Después preguntó a Zébaj y a Salmuná: –¿Cómo eran los hombres que ustedes mataron en el Tabor? Ellos respondieron: –Eran idénticos a ti: todos ellos parecían príncipes.

[19] Entonces dijo Gedeón: –Eran mis hermanos, hijos de mi madre. ¡Vive el Señor, que si los hubieran dejado con vida, no los mataría a ustedes ahora!

[20] Y dijo a Yéter, su primogénito: –Anda, mátalos. Pero el muchacho no sacó la espada. No se atrevía, porque era todavía muy joven.

[21] Entonces Zébaj y Salmuná le rogaron: –Anda, mátanos tú, porque un hombre se mide por su valor. Entonces Gedeón fue y mató a Zébaj y a Salmuná, y se quedó con los adornos que llevaban al cuello sus camellos.

[22] Los hombres de Israel pidieron a Gedeón: –Gobierna tú sobre nosotros, y luego tu hijo y tu nieto, porque nos has librado del dominio de Madián.

[23] Gedeón respondió: –Yo no seré quien los gobierne, ni tampoco lo será mi hijo, porque es el Señor quien los gobierna.

[24] Y añadió: –Quiero pedirles una cosa: Denme cada uno un anillo de los que les ha correspondido como botín. (Los vencidos, como eran ismaelitas tenían anillos de oro).

[25] Le contestaron: –Te los damos con mucho gusto. Luego extendieron un manto, y cada uno echó un anillo del botín.

[26] El peso de estos anillos ascendió a unos diecinueve kilos de oro, sin contar los adornos, los aretes y los vestidos de púrpura de los reyes de Madián, ni los collares que colgaban del cuello de sus camellos.

[27] Gedeón hizo con ellos un efod, que colocó en su ciudad, Ofrá. Todo Israel iba a rendirle culto, y esto fue la ruina de Gedeón y su familia.

[28] Madián quedó humillado ante los israelitas y no volvió a levantar cabeza. La región gozó de paz durante los cuarenta años que vivió Gedeón.

[29] Yerubaal, hijo de Joás, se fue a vivir a su casa.

[30] Gedeón tuvo setenta hijos, porque fueron muchas sus mujeres.

[31] También su concubina, que vivía en Siquén, le dio un hijo al que llamó Abimélec.

[32] Gedeón, hijo de Joás, murió en buena ancianidad y fue sepultado en la tumba de su padre Joás, en Ofrá de Abiezer.

[33] Muerto Gedeón, los israelitas dieron de nuevo culto a los ídolos, y eligieron como dios a Baal Berit,

[34] sin acordarse para nada del Señor su Dios, que los había librado de todos sus enemigos de alrededor.

[35] Y no demostraron agradecimiento a la familia de Yerubaal-Gedeón por todo el bien que había hecho a Israel.

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