[1] Aquel día, Débora y Barac, hijo de Abinoán, entonaron este canto:
[2] Porque Israel se ha decidido a luchar, porque un pueblo se ha ofrecido voluntario, ¡bendigan al Señor!
[3] Escuchen reyes; pongan atención, príncipes, que voy a cantar, a cantar al Señor, y a tocar para el Señor, Dios de Israel.
[4] Señor, cuando saliste de Seír, cuando avanzaste desde los campos de Edom, tembló la tierra, destilaron los cielos, y las nubes se deshicieron en agua.
[5] Las montañas se derritieron en presencia del Señor, el del Sinaí, en presencia del Señor, Dios de Israel.
[6] En los días de Sangar, hijo de Anat, en los días de Yael, ya no pasaban caravanas; los caminantes seguían senderos sinuosos.
[7] No había jefes en Israel; no los había, hasta que tú surgiste, Débora; hasta que surgiste, madre de Israel.
[8] Se preferían dioses nuevos, la guerra estaba a las puertas; no se veía un escudo ni una lanza entre cuarenta mil de Israel.
[9] Mi corazón se dirije a los jefes de Israel, a los voluntarios del pueblo:
[10] ¡Bendigan al Señor, los que montan sobre burras blancas, los que se sientan sobre mantas bordadas, los que van por los caminos, canten!
[11] Se oye el clamor de los que reparten el botín junto a los pozos, allí se celebran las hazañas del Señor, las hazañas de los israelitas; entonces el pueblo del Señor bajaba a las puertas.
[12] Levántate, Débora, levántate; levántate, ponte en pie, entona un canto; ponte en pie, Barac, apresa a los que te apresaron, hijo de Abinoán.
[13] Que el sobreviviente someta a los poderosos y el pueblo del Señor someta a los héroes.
[14] Los príncipes de Efraín, están en el llano, detrás de ti Benjamín, en medio de tu gente; bajan de Maquir los nobles, y de Zabulón los que llevan bastón de mando.
[15] Los jefes de Isacar están con Débora, y Neftalí, con Barac, se lanza detrás de sus pasos en el valle. Junto a los arroyos de Rubén ¡largas deliberaciones!
[16] ¿Por qué te quedas en tus corrales, escuchando las flautas entre los rebaños? Junto a los arroyos de Rubén ¡largas deliberaciones!
[17] Galaad se ha quedado al otro lado del Jordán, y Dan, ¿por qué se va lejos en sus barcos? Aser está sentado a la orilla del mar, y vive tranquilo en sus puertos.
[18] Zabulón es un pueblo que reta a la muerte, como Neftalí en las alturas del campo.
[19] Vinieron los reyes y pelearon, combatieron los reyes de Canaán en Tanac, junto a las aguas de Meguido, y no se llevaron objetos de plata como botín.
[20] Desde los cielos combatieron las estrellas, desde sus órbitas combatieron a Sísara.
[21] El torrente Quisón los arrastró, torrente famoso es el torrente Quisón, los aplastó con violencia.
[22] Cascos de caballos martillean el suelo ¡es el galope, el galope de los corceles!
[23] Maldigan a Meroz, maldíganla, dice el ángel del Señor; maldigan a sus habitantes, porque no vinieron en ayuda del Señor, en ayuda del Señor, entre los héroes.
[24] Bendita entre las mujeres sea Yael, la mujer de Jéber, el quenita, bendita entre las mujeres nómadas.
[25] Agua le pidió, y le dio leche; en copa preciosa le ofreció nata.
[26] Con su izquierda agarró una estaca, con su derecha un martillo de obrero y golpeó a Sísara, le partió la cabeza, lo machacó, le atravesó la sien.
[27] A sus pies se dobló, cayó acostado; a sus pies se dobló y cayó; donde se dobló, allí cayó aniquilado.
[28] Asomada a la ventana, mira la madre de Sísara por las rejas. ¿Por qué su carro tarda en venir? ¿Por qué se retrasan sus carros de guerra?
[29] Su dama más sensata le responde, repitiendo las mismas palabras:
[30] «Están recogiendo y repartiendo el botín: una muchacha o dos para cada hombre, vestidos de colores para Sísara, mantos bordados para mi cuello».
[31] Así perezcan todos tus enemigos, Señor; tus amigos sean fuertes como el sol naciente. El país estuvo en paz durante cuarenta años.