[1] Jefté, el galadita, era un guerrero valiente. Era hijo de Galaad y de una prostituta.
[2] Pero la esposa de Galaad le dio también hijos, y cuando se hicieron mayores echaron a Jefté, diciendo: –Tú no tendrás parte en la herencia de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer.
[3] Jefté se alejó de sus hermanos y se estableció en el país de Tob. Se le unió gente malvada que lo acompañaba en sus correrías.
[4] Algún tiempo después, los amonitas declararon la guerra a Israel.
[5] Y cuando los amonitas atacaron a Israel, los ancianos de Galaad fueron a Tob en busca de Jefté,
[6] y le pidieron: –Ven, sé nuestro jefe en la lucha contra los amonitas.
[7] Jefté les contestó: –Ustedes me odiaban y me echaron de la casa de mi padre. ¿Por qué recurren a mí ahora que se ven angustiados?
[8] Los ancianos de Galaad respondieron: –Precisamente por eso recurrimos ahora a ti. Ven con nosotros a luchar contra los amonitas. Tú serás nuestro jefe, el jefe de todos los habitantes de Galaad.
[9] El les dijo: –Si voy con ustedes a luchar contra los amonitas y el Señor los entrega en mi poder, entonces seré el jefe de ustedes.
[10] Y los ancianos de Galaad le contestaron: –Que el Señor nos castigue, si no hacemos lo que dices.
[11] Jefté se fue con los ancianos de Galaad y el pueblo lo eligió como jefe y comandante. Y Jefté repitió todas sus condiciones en Mispá, ante el Señor.
[12] Jefté envió emisarios al rey de los amonitas, con este mensaje: –¿Qué te he hecho yo para que vengas a hacerme la guerra en mi tierra?
[13] El rey de los amonitas, respondió a los emisarios de Jefté: –Cuando Israel subía de Egipto, se apoderó de mi tierra desde el Arnón hasta el Yaboc y el Jordán. Devuélvemela ahora pacíficamente.
[14] De nuevo envió Jefté emisarios al rey de los amonitas,
[15] para decirle: –Así dice Jefté: Israel no se apoderó de la tierra de Moab, ni de la de Amón.
[16] Cuando subió de Egipto, Israel marchó por el desierto hasta el mar Rojo y llegó a Cadés.
[17] Desde allí envió mensajeros al rey de Edom para decirle: «Déjame pasar por tu tierra». Pero él se negó. Envió también mensajeros al rey de Moab, y también él se negó. Entonces Israel permaneció en Cadés.
[18] Después continuó por el desierto, rodeando Edom y Moab, y llegó a la frontera este de Moab. Acampó al otro lado del Arnón, sin pisar el territorio de Moab, porque el Arnón es la frontera de Moab.
[19] Israel envió entonces mensajeros a Sijón, rey de los amorreos, que reinaba en Jesbón, y le dijo: «Déjame pasar por tu tierra para ir a la nuestra».
[20] Pero Sijón no sólo negó a Israel el paso por su territorio, sino que reunió a su gente, acampó en Yasá y atacó a Israel.
[21] El Señor, Dios de Israel, entregó a Sijón y a todo su pueblo en poder de Israel, que los derrotó; Israel se apoderó del territorio de los amorreos que vivían en aquella región.
[22] Así ocupó todo el territorio de los amorreos desde el Arnón hasta el Yaboc, y desde el desierto hasta el Jordán.
[23] Fue el Señor, Dios de Israel, el que expulsó a los amorreos ante su pueblo, Israel, ¿y pretendes tú ahora quitarle su posesión?
[24] ¿Acaso no posees tú todo lo que tu dios Camós te ha dado? ¿Y no vamos a poseer nosotros lo que el Señor nuestro Dios nos ha dado?
[25] ¿Eres tú mejor que Balac, hijo de Sipor, rey de Moab? ¿Ha entrado él en litigio con Israel? ¿Le ha declarado la guerra?
[26] Hace trescientos años que Israel vive en Jesbón y en sus pueblos, en Aroer y en los suyos, y en todos los pueblos de las dos riberas del Arnón; ¿por qué no las han reclamado en todo este tiempo?
[27] Por tanto, yo no te he ofendido; eres tú quien me ofendes declarándome la guerra. Que el Señor actúe como juez hoy entre los israelitas y los amonitas.
[28] Pero el rey de los amonitas no hizo caso del mensaje que Jefté le envió.
[29] El espíritu del Señor se apoderó de Jefté, que recorrió Galaad y Manasés, llegó a Mispá de Galaad y desde allí pasó al territorio de Amón.
[30] Jefté hizo el siguiente voto al Señor: –Si entregas en mi poder a los amonitas,
[31] el primero que salga por la puerta de mi casa para venir a mi encuentro, cuando regrese vencedor, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto.
[32] Jefté partió a la guerra contra los amonitas, y el Señor los entregó en su poder.
[33] Combatió contra ellos desde Aroer hasta la entrada de Menit, conquistándoles veinte poblaciones, y hasta Abel Queramín. Fue una completa derrota, y los amonitas quedaron sometidos a los israelitas.
[34] Cuando Jefté regresaba a su casa de Mispá, salió a su encuentro su hija, danzando y tocando el pandero. Era hija única, pues Jefté no tenía más hijos.
[35] Al verla, rasgó sus ropas y gritó: –¡Ah, hija mía, me has destrozado; tú eres la causa de mi desgracia, porque me he comprometido ante el Señor y debo cumplir mi promesa!
[36] Ella le dijo: –Si te has comprometido ante el Señor, padre mío, cumple tu promesa respecto a mí, ya que el Señor te ha concedido vengarte de tus enemigos, los amonitas.
[37] Y añadió: –Concédeme esta gracia: déjame libre dos meses; durante ellos recorreré las montañas con mis compañeras, llorando por tener que morir sin hijos. El le dijo: –Vete.
[38] Y la dejó libre durante dos meses. Ella y sus compañeras recorrieron las montañas llorando, porque iba a morir sin hijos.
[39] Pasados los dos meses, regresó a su casa, y su padre cumplió con ella el voto que había hecho. Ella no había tenido relaciones con ningún varón. Por eso es costumbre en Israel
[40] que todos los años las jóvenes israelitas vayan a llorar a la hija de Jefté, el galadita, durante cuatro días.