[1] Estas son las naciones que dejó el Señor para poner a prueba con ellas a los israelitas que no habían conocido ninguna de las guerras de Canaán.
[2] (Fue sólo para enseñar el arte de la guerra a las generaciones de israelitas que no tenían experiencia de ella):
[3] los cinco príncipes de los filisteos y todos los cananeos, sidonios e hititas de la montaña del Líbano, desde la montaña de Baal Hermón hasta la entrada de Jamat.
[4] Estas naciones sirvieron para poner a prueba a Israel, para ver si cumplía los preceptos que el Señor había dado a sus antepasados por medio de Moisés.
[5] Los israelitas habitaban en medio de los cananeos, hititas, amorreos, pereceos, jeveos y jebuseos.
[6] Se casaron con sus hijas, les entregaron las suyas en matrimonio y dieron culto a sus dioses.
[7] Los israelitas ofendieron al Señor con su conducta; se olvidaron del Señor su Dios y dieron culto a Baal y Astarté.
[8] Entonces la ira del Señor se desató contra Israel y los entregó en poder de Cusán Risatain, rey de Edom. Los israelitas estuvieron sometidos a Cusán Risatain ocho años.
[9] Pero invocaron al Señor, y el Señor les suscitó un libertador para salvarlos: Otoniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb.
[10] El espíritu del Señor se apoderó de él, actuó como juez en Israel y salió a combatir contra Cusán Risatain, rey de Edom. El Señor se lo entregó, y él lo derrotó.
[11] El país estuvo en paz durante cuarenta años, hasta la muerte de Otoniel, hijo de Quenaz.
[12] De nuevo los israelitas ofendieron al Señor con su conducta, y el Señor dio poder a Eglón, rey de Moab, sobre Israel, porque habían ofendido al Señor con su conducta.
[13] Eglón hizo un pacto con los amonitas y con los amalecitas, se dirigió contra Israel, lo derrotó y se apoderó de la Ciudad de las Palmeras.
[14] Los israelitas estuvieron sometidos a Eglón, rey de Moab, dieciocho años.
[15] Pero invocaron al Señor, y el Señor les suscitó un libertador: Eud, hijo de Guera, benjaminita, que era zurdo. Los israelitas le encargaron que llevara el tributo a Eglón, rey de Moab.
[16] Eud se hizo un puñal de dos filos, como de medio metro de largo, y lo sujetó a la cintura bajo el manto, junto al muslo derecho.
[17] Presentó el tributo a Eglón, rey de Moab, que era muy gordo,
[18] y al acabar de presentar el tributo, se fue con los hombres que había traído.
[19] Pero cuando llegó al lugar llamado Los Idolos, cerca de Guilgal, regresó donde estaba Eglón y le dijo: –Tengo un mensaje secreto para ti, ¡oh rey! El rey mandó: –¡Déjennos solos! Y salieron todos los que estaban con él.
[20] Entonces Eud se acercó al rey, que estaba sentado tomando el fresco en su corredor particular, y le dijo: –Tengo que comunicarte un oráculo de Dios. El rey se levantó de la silla.
[21] Entonces Eud, con la mano izquierda, tomó el puñal que llevaba junto al muslo derecho y se lo clavó en el vientre.
[22] La empuñadura entró con la hoja y la grasa se cerró sobre ésta, pues no sacó el puñal del vientre. Luego Eud salió por la ventana,
[23] llegó al vestíbulo y cerró detrás de sí con llave las puertas del corredor.
[24] Mientras él salía, entraban los servidores del rey y, viendo cerradas con llave las puertas del corredor, se dijeron: –Sin duda está haciendo sus necesidades en el cuarto de baño de verano.
[25] Se cansaron de esperar; y como nadie abría las puertas, tomaron una llave, abrieron y vieron que su señor estaba muerto en el suelo.
[26] Mientras ellos esperaban, Eud huyó a toda prisa, pasó el lugar llamado Los Idolos y se puso a salvo en Seír.
[27] En cuanto llegó a tierra de Israel, tocó la trompeta en la montañas de Efraín, y los israelitas bajaron con él de la montaña. El iba a la cabeza.
[28] Y les dijo: –Síganme, porque el Señor les va a entregar a Moab, su enemigo. Ellos lo siguieron, salieron al encuentro de Moab en los pasos del río Jordán y no dejaron pasar a nadie.
[29] En aquella ocasión derrotaron a Moab y a sus diez mil hombres, todos robustos y valientes; no escapó ni uno solo.
[30] Aquel día Moab quedó sometido a Israel, y el país estuvo en paz durante cuarenta años.
[31] A Eud le sucedió Sangar, hijo de Anat. Mató a seiscientos filisteos con una picana de bueyes. También él salvó a Israel.