[1] Los israelitas habían hecho este juramento en Mispá: –Ninguno de nosotros dará su hija en matrimonio a un benjaminita.
[2] Fueron a Betel y estuvieron allí sentados hasta la tarde en presencia de Dios, entre súplicas y llantos.
[3] Decían: –¿Por qué, oh Señor, Dios de Israel, ha sido privado tu pueblo de una de sus tribus?
[4] Al día siguiente el pueblo se levantó temprano, colocó allí un altar y ofreció holocaustos y sacrificios de comunión.
[5] Y se dijeron: –¿Quién de entre todas las tribus de Israel no ha acudido a la asamblea del Señor? Porque habían jurado solemnemente que quien no acudiera a Mispá ante el Señor sería castigado con la muerte.
[6] Los israelitas sintieron lástima de su hermano Benjamín, y comentaban: –Hoy ha sido borrada de Israel una tribu.
[7] ¿Qué haremos para dar mujeres a los sobrevivientes? Porque hemos jurado ante el Señor no darles nuestras hijas en matrimonio.
[8] Entonces se preguntaron: –¿Hay alguna tribu de Israel que no haya subido a Mispá ante el Señor? Y resultó que ninguno de Yabés de Galaad había venido a la asamblea.
[9] Se había hecho el recuento del pueblo y, en efecto, no había ninguno de Yabés de Galaad.
[10] Entonces la asamblea envió doce mil hombres de los más valientes, con esta orden: –Vayan y pasen a cuchillo a todos los habitantes de Yabés de Galaad, también a las mujeres y a los niños.
[11] Consagrarán al exterminio a todos los varones y a todas las mujeres casadas, pero dejarán con vida a las vírgenes. Así lo hicieron.
[12] Entre los habitantes de Galaad encontraron cuatrocientas vírgenes que no habían tenido relaciones con ningún hombre y las trajeron al campamento de Siló, en la tierra de Canaán.
[13] Luego, la asamblea envió mensajeros a los benjaminitas, que estaban en la peña de Rimón, para ofrecerles la paz.
[14] Los benjaminitas regresaron, y ellos les dieron las mujeres sobrevivientes de Yabés de Galaad, pero no había bastantes para todos.
[15] El pueblo se compadeció de Benjamín, porque el Señor había dejado un vacío en las tribus de Israel.
[16] Los ancianos de la comunidad se preguntaban: –Las mujeres de la tribu de Benjamín han sido exterminadas; ¿qué haremos para procurar mujeres a los que aún no la tienen?
[17] ¿Cómo conservar un resto de Benjamín para que no desaparezca una tribu de Israel?
[18] Nosotros no podemos darles en matrimonio a nuestras hijas. (Pues habían jurado: ¡Maldito quien dé mujer a un benjaminita!).
[19] Entonces decidieron esto: –Está cerca la fiesta del Señor que se celebra todos los años en Siló, el santuario que está al norte de Betel, al este del camino que sube de Betel a Siquén, y al sur de Libná.
[20] Y dieron este recado a los de Benjamín: –Vayan y escóndanse entre las viñas.
[21] Se quedan observando y, cuando vean que las jóvenes de Siló salen a bailar, salgan ustedes de las viñas, llévense cada uno una muchacha de Siló y regresen a su tierra.
[22] Si luego vienen sus padres o hermanos a quejarse contra ustedes, les diremos: Perdónenlos, pues nosotros no pudimos procurarles esclavas de guerra como esposas, ni tampoco ustedes podían darles a sus hijas, porque serían culpables.
[23] Los de Benjamín lo hicieron así y tomaron de entre las que bailaban aquellas que necesitaban; después regresó cada uno a su casa, reconstruyeron las ciudades y se establecieron en ellas.
[24] Entonces los israelitas se separaron y se fueron cada uno a su tribu, a su clan y a su casa.
[25] En aquel tiempo no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que quería.