[1] Yerubaal, o sea, Gedeón, se levantó de madrugada con toda su gente, y acamparon junto a la fuente de Jarod. El campamento de Madián estaba más al norte, en el valle, al pie de la colina de Moré.
[2] El Señor dijo a Gedeón: –Tu gente es demasiado numerosa para que yo les entregue Madián. Israel podría vanagloriarse ante mí, diciendo: «Mi propia fuerza me ha librado».
[3] Por eso, reúne al pueblo y dile: «El que tenga miedo y tiemble, que se retire». Gedeón los puso a prueba y se retiraron veintidós mil, quedando sólo diez mil.
[4] El Señor dijo a Gedeón: –Todavía son demasiados. Llévalos hasta la fuente, y allí los seleccionaré. El que yo te diga que vaya contigo, irá; y el que te diga que no vaya contigo, no irá.
[5] Gedeón llevó sus tropas a la fuente, y el Señor le dijo: –Los que beban el agua lamiéndola, como los perros, ponlos a un lado; y los que se arrodillen para beber, ponlos a otro.
[6] Los que bebieron el agua lamiéndola sumaron trescientos. El resto se arrodilló para beber, llevándose el agua a la boca con la mano.
[7] Entonces dijo el Señor a Gedeón: –Con los trescientos hombres que han bebido el agua lamiéndola, los libraré a ustedes, y pondré a Madián bajo tu poder. Todos los demás, que regresen a su casa.
[8] Tomaron sus provisiones y sus trompetas, y Gedeón los mandó a sus casas, quedándose sólo con los trescientos. El campamento de Madián quedaba debajo del suyo, en la llanura.
[9] Aquella noche el Señor dijo a Gedeón: –Baja ahora mismo contra el campamento, porque yo te lo entrego.
[10] Pero si tienes miedo de ir solo, que te acompañe tu siervo Furá.
[11] Escucha lo que dicen; al oírlo cobrarás más ánimo y caerás sobre el campamento. Gedeón bajó con su siervo Furá hasta las primeras tiendas del campamento.
[12] Los madianitas, los amalecitas y los de oriente estaban distribuidos en el valle. Eran numerosos como langostas; sus camellos eran innumerables como la arena de la playa.
[13] Cuando llegó Gedeón, un hombre estaba contando un sueño a un compañero suyo. Decía: –He tenido un sueño; veía rodar por el campamento de Madián un pan grande de cebada. Llegó a la tienda, chocó contra ella, la arrolló y la derribó.
[14] Su compañero le contestó: –Eso no es otra cosa que la espada de Gedeón, hijo de Joás, de Israel. Dios ha puesto bajo su poder a Madián y a todo su campamento.
[15] Cuando Gedeón oyó el sueño y su explicación, se postró. Después regresó al campamento de Israel y dijo: –Prepárense, porque el Señor ha puesto el campamento de Madián en poder de ustedes.
[16] Gedeón dividió sus trescientos hombres en tres cuerpos. Les entregó a cada uno una trompeta y un cántaro vacío con una antorcha dentro de él,
[17] y les dijo: –Fíjense en mí y hagan lo que me vean hacer. Cuando yo llegue a los límites del campamento, hagan lo que me vean hacer.
[18] Yo y todos los que me acompañen tocaremos la trompeta; entonces toquen ustedes las suyas en torno al campamento y griten: ¡Por el Señor y por Gedeón!
[19] Gedeón y los cien hombres que lo acompañaban llegaron a las primeras tiendas del campamento cuando los centinelas cambiaban de turno, al comienzo de la vigilia de la medianoche. Apenas acabado el relevo de los centinelas, tocaron las trompetas y rompieron los cántaros que llevaban en la mano.
[20] Entonces los tres cuerpos tocaron las trompetas y rompieron los cántaros. Con la mano izquierda sostenían las antorchas encendidas y con la derecha las trompetas para tocarlas, y gritaron: –¡Por el Señor y por Gedeón!
[21] Cada uno se quedó en su puesto alrededor del campamento. Todo el campamento, como alocado, se puso a correr, a gritar y a huir.
[22] Mientras los trescientos tocaban las trompetas, el Señor hizo que los madianitas se mataran unos a otros en el campamento y que huyeran a Bet Sitá, hacia Sartán, hasta la ribera de Abel Mejolá, frente a Tabat.
[23] Entonces se reunieron los israelitas de Neftalí, de Aser y de todo Manasés y persiguieron a los madianitas.
[24] Gedeón envió mensajeros por toda la montaña de Efraín para decirles: –Bajen al encuentro de Madián y córtenles la retirada en los pasos del río Jordán hasta Bet Bará. Todos los efraimitas acudieron a la llamada y ocuparon los pasos del río a lo largo del Jordán hasta Bet Bara.
[25] Hicieron prisioneros a los dos jefes de Madián, Oreb y Zeb, y los mataron; a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeb en la bodega de Zeb. Persiguieron a Madián, y llevaron a Gedeón, al otro lado del Jordán, las cabezas de Oreb y Zeb.