[1] El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado a dar la buena nueva a los pobres, a sanar a los de corazón destrozado, a proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad.
[2] Me ha enviado a proclamar un año de gracia del Señor y un día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los afligidos,
[3] para cambiar por una corona la ceniza de los afligidos de Sión, su ropa de luto por perfumes de fiesta, y su ánimo triste por cantos de alabanza. Los llamarán encinas de justicia, plantación gloriosa del Señor.
[4] Reconstruirán las viejas ruinas, levantarán los escombros del pasado, reedificarán las ciudades destruidas, los escombros amontonados por el tiempo.
[5] Vendrán extranjeros a pastorear sus rebaños; sus agricultores y viñadores serán forasteros;
[6] a ustedes los llamarán «sacerdotes del Señor», y les darán el nombre de «ministros de nuestro Dios». Comerán las riquezas de los pueblos y se adornarán con su esplendor.
[7] Porque ha sido doble su vergüenza hecha de insultos y desprecio, por eso recibirán doble recompensa en su país y tendrán una alegría permanente.
[8] Porque yo, el Señor, que amo la justicia, y odio el robo y el crimen, les daré la recompensa prometida y sellaré con ellos una alianza perpetua.
[9] Será famosa su descendencia entre las naciones y sus descendientes entre los pueblos. Todos los que lo vean reconocerán que son la descendencia bendita del Señor.
[10] El Señor me llena de gozo, y mi Dios me colma de alegría, porque me vistió con un traje de salvación, y me cubrió con un manto de liberación, como novio que se pone la corona o novia que se adorna con sus joyas.
[11] Pues como la tierra echa sus brotes y un huerto hace germinar la semilla, así el Señor hará germinar la liberación y la alabanza ante todos los pueblos.