[1] ¡Ay de los hijos rebeldes –oráculo del Señor– que hacen proyectos sin tenerme en cuenta, y hacen pactos que yo no inspiro, acumulando pecados y más pecados!
[2] ¡Que bajan a Egipto sin haberme consultado, a pedir la protección del faraón, a refugiarse a la sombra de Egipto!
[3] La protección del faraón será su vergüenza; el refugio a la sombra de Egipto se convertirá en su desprestigio.
[4] Cuando sus ministros vayan a Tanis, y sus embajadores lleguen a Janés,
[5] se verán defraudados por un pueblo que de nada les servirá, que no les dará ayuda ni socorro, sino vergüenza y deshonra.
[6] Oráculo sobre los animales del Négueb: Por tierra de angustia y miseria, de leones y leonas rugientes, de víboras y dragones voladores, llevan sus riquezas a lomo de mula, sus tesoros sobre la joroba de camellos; van a un pueblo que de nada les servirá;
[7] la ayuda de Egipto es inútil. Por eso yo lo llamo «el Monstruo Perezoso».
[8] Ahora ve y escribe esto en una tablilla, anótalo en un libro; quede para la posteridad como testimonio perpetuo:
[9] Son un pueblo rebelde, unos mentirosos, que no escuchan la ley del Señor;
[10] que dicen a los videntes: «No tengan visiones»; y a los profetas: «No nos profeticen la verdad; dígannos cosas halagadoras, profetícennos ilusiones.
[11] Desvíense del camino, apártense del sendero, retiren de nuestra vista al Santo de Israel».
[12] Por eso, así dice el Santo de Israel: Ustedes desprecian mi palabra y se fían de lo torcido y perverso, tomándolo como apoyo;
[13] pues bien, esta culpa sea para ustedes como boquete abierto en alta muralla, que, al agrandarse, la ahueca y resquebraja hasta que de repente se desmorona.
[14] Se quebrará como se quiebra un jarro de alfarero estrellado sin piedad; entre sus trozos no queda nada que sirva para tomar fuego del brasero o sacar agua del pozo.
[15] Pues así dice el Señor, el Santo de Israel: «Se salvarán si se convierten y se calman; pues en la confianza y la calma está su fuerza». Pero no quisieron actuar así.
[16] Dijeron: «¡No! Huiremos a caballo». Pues sí, huirán. Dijeron: «Montaremos en veloces corceles». Pues bien, más veloces aún serán sus perseguidores.
[17] Ante la amenaza de uno, huirán mil; ante la amenaza de cinco, huirán todos, hasta que queden como mástil en la cima de un monte, como bandera en una loma.
[18] Pero el Señor espera el momento para apiadarse de ustedes, y quiere manifestarles compasión, porque el Señor es un Dios justo; dichosos los que esperan en él.
[19] Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás que llorar: se apiadará de ti cuando clames a él, en cuanto te oiga, te responderá.
[20] El Señor les dará pan en la escasez, agua en la necesidad; tu Maestro no se esconderá ya, con tus ojos verás a tu Maestro;
[21] cuando te desvíes a derecha o izquierda, oirás con tus oídos una palabra a la espalda: «Este es el camino, síganlo».
[22] Entonces te parecerán impuros la plata que recubre tus ídolos y el oro que adorna tus estatuas, y los tirarás como un objeto inmundo, diciendo: «¡Fuera de aquí!»
[23] El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en tu tierra; y el alimento que produzca la tierra será abundante y sustancioso; aquel día pastarán tus ganados en amplias praderas.
[24] Los bueyes y los burros que trabajan la tierra comerán un sabroso forraje, aventado con pala y horquilla.
[25] En toda montaña alta, y en toda colina elevada habrá arroyos y corrientes de agua el día de la gran matanza, cuando las torres caigan.
[26] El día que el Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de sus golpes, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces mayor.
[27] Miren, el Señor viene de lejos; arde su ira, se ve la espesa humareda; sus labios están llenos de furor, su lengua es fuego devorador;
[28] su aliento es un torrente desbordado que llega hasta el cuello. Zarandeará a las naciones con criba de destrucción, pondrá freno de extravío en la quijada de los pueblos.
[29] Sus canciones resonarán como en noche sagrada de fiesta; se les alegrará el corazón como al que camina al son de la flauta hacia el monte del Señor, hacia la Roca de Israel.
[30] El Señor hará resonar su voz majestuosa, y hará sentir su poder con ira furiosa y llama devoradora, con tormenta, aguacero y granizo.
[31] Asiria se acobarda ante la voz del Señor, que la golpea con su bastón;
[32] cada golpe del bastón de castigo que el Señor descargue sobre ella, se lo dará al son de tambores y cítaras; agitando su mano combatirá contra ella.
[33] Pues ya hace tiempo que está preparado un foso grande y profundo en Tofet para el rey de Asiria; un foso con paja y leña en abundancia que el soplo del Señor, como torrente de azufre, encenderá.