[1] Canta de alegría, estéril, tú que no dabas a luz; rompe a cantar de alegría y de júbilo, tú que no conocías los dolores del parto, porque serán más los hijos de la abandonada que los hijos de la casada, dice el Señor.
[2] Ensancha el espacio de tu tienda y de tus lonas, extiende tus moradas con libertad, clava tus estacas y alarga tus cuerdas
[3] porque te extenderás a derecha e izquierda; tu descendencia heredará naciones y poblará ciudades desiertas.
[4] No temas, no quedarás en ridículo; no serás ofendida ni avergonzada. Olvidarás la vergüenza de no tener marido, dejarás de recordar la humillación de ser viuda;
[5] pues tu esposo es el que te hizo, su nombre es el Señor todopoderoso; tu redentor es el Santo de Israel –se llama Dios de toda la tierra–.
[6] Como a mujer abandonada y afligida. el Señor te llama de nuevo. ¿Puede ser rechazada la esposa tomada en la juventud? –dice el Señor–.
[7] Por un breve instante te abandoné, pero ahora te recibo con inmenso cariño.
[8] En un arrebato de enojo me oculté de ti por un momento, pero el amor con que te amo es eterno, –dice el Señor, el que te rescata–.
[9] Me sucede como en tiempos de Noé, cuando juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora juro no volver a enojarme contra ti, ni amenazarte nunca más.
[10] Aunque las montañas cambien de lugar, y se desmoronen los cerros, no cambiará mi amor por ti, ni se desmoronará mi alianza de paz, –dice el Señor, que te ama–.
[11] ¡Atormentada y azotada por el viento, ciudad a quien nadie consuela! Yo mismo voy a poner las piedras de tus murallas sobre turquesas y tus cimientos sobre zafiros;
[12] haré de rubíes tus torres, tus puertas de diamantes, y de piedras preciosas toda tu muralla.
[13] A tus hijos los instruirá el Señor, gozarán de gran prosperidad.
[14] Estarás fundada en la justicia, libre de opresión, ya nada temerás, y ningún terror te inquietará.
[15] Nadie te atacará de parte mía, y si alguien te ataca caerá ante ti.
[16] Yo he creado al herrero, que aviva el fuego y forja las armas como él sabe; y también yo he creado a quien las usa para destruir;
[17] pero ningún arma forjada contra ti podrá hacerte daño, y ninguna lengua que te acuse logrará condenarte. Esta es la suerte de los siervos del Señor, la salvación que obtendrán gracias a mí. Oráculo del Señor.