[1] Perece el inocente sin que nadie haga caso; desaparecen los hombres fieles y nadie comprende que es la maldad lo que hace desaparecer al inocente.
[2] Pero alcanzarán la paz y dormirán tranquilamente, los que se comportaron rectamente.
[3] ¡Acérquense, hijos de hechicera, raza prostituida y adúltera!
[4] ¿De quién se burlan? ¿A quién hacen muecas y le sacan la lengua? ¿No son ustedes hijos ilegítimos, una prole bastarda?
[5] Ustedes, que se dan a la lujuria entre las encinas, bajo cualquier árbol frondoso; que sacrifican niños en las cañadas y entre las grietas de las rocas.
[6] Las piedras del torrente son tu herencia, ellas te tocarán en suerte. Aunque derrames en ellas vino o aceite y presentes tus ofrendas, ¿podrá eso aplacarme?
[7] En un cerro alto y elevado pusiste tu cama; subiste allí a inmolar sacrificios.
[8] Detrás de tu puerta colocaste un amuleto. Me fuiste infiel: te desnudabas, subías a la cama y hacías el amor; hacías un trato con los que te daban placer y contemplabas su desnudez.
[9] Te acercaste a Moloc con ungüento, prodigando perfumes; enviaste lejos a tus mensajeros, haciéndolos bajar hasta el abismo.
[10] Te cansabas de tanto caminar, pero no decías: «¡Es inútil!»; encontrabas nuevamente energías y por eso no te agotabas.
[11] ¿A quién temes, de quién tienes miedo para haberme sido infiel, para no volver a recordarme, ni llevarme en tu corazón? ¿Acaso porque yo callaba y disimulaba, dejaste tú de serme fiel?
[12] Yo denunciaré tu conducta; de nada te servirán tus obras.
[13] Cuando grites, no te salvarán tus ídolos. A todos se los llevará el viento, un soplo los arrastrará. Pero el que se refugia en mí heredará el país, poseerá mi monte santo.
[14] Allanen y despejen el camino, quiten de él los tropiezos del camino de mi pueblo,
[15] porque así dice el Altísimo, el que vive para siempre, cuyo nombre es «Santo»: Habito en un lugar alto y sagrado, pero también estoy con el arrepentido y el humilde para animar el espíritu de los humildes, para animar el corazón de los arrepentidos;
[16] no quiero estar siempre recriminando ni estar constantemente enojado. Si lo hiciera, desfallecerían ante mí el espíritu y la vida que he creado.
[17] Su perversidad me irritó por un tiempo, lo castigué y enojado me aparté de él; pero él se rebeló y siguió sus caprichos.
[18] Conozco su conducta, pero lo voy a sanar, lo consolaré y le daré alivio; a él y a quienes por él hacen duelo
[19] y haré que canten: «Paz a los de lejos, y a los de cerca paz». Yo los sanaré –dice el Señor–.
[20] Los malvados son como mar agitado que no puede calmarse, aguas que se mezclan con fango y con barro.
[21] «No hay paz para los malvados», –dice mi Dios–.