[1] Aquel día se cantará este canto en la tierra de Judá: «Tenemos una ciudad fuerte; Dios la ha protegido con fortificaciones y murallas.
[2] ¡Abran las puertas, para que entre el pueblo justo, que se ha mantenido fiel!
[3] Está firme su ánimo, mantiene la paz, porque ha puesto su confianza en ti.
[4] ¡Confíen siempre en el Señor, que el Señor es la roca perpetua!
[5] Sometió a los que habitaban en lo alto; derribó a la ciudad encumbrada, la derribó hasta el suelo, la arrojó en el polvo,
[6] y será pisoteada por los pobres, por los pasos de los indefensos».
[7] El camino del justo es recto, tú nivelas el sendero del justo;
[8] caminamos por la senda que señalan tus leyes, hemos puesto en ti, Señor, nuestra esperanza; ansiamos tu nombre y tu recuerdo.
[9] Mi alma te anhela de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, pues cuando tú gobiernas la tierra aprenden justicia los habitantes del mundo.
[10] Aunque sea tratado con clemencia el malvado, no aprende a comportarse rectamente; aunque vive entre gente honrada sigue siendo detestable su conducta y no reconoce la soberanía del Señor.
[11] Estás a punto de castigarlos, Señor, pero no hacen caso. ¡Demuéstrales cómo defiendes a tu pueblo, y haz que el fuego devore a tus enemigos!
[12] Señor, tú nos concederás la paz, pues todo lo que hacemos eres tú quien para nosotros lo realiza.
[13] Señor, Dios nuestro, otros señores nos han dominado, pero sólo a ti nos dirigimos, sólo tu nombre invocamos.
[14] Los muertos no reviven, ni las sombras se levantan; tú los castigaste y destruiste y borraste totalmente su recuerdo.
[15] Hiciste crecer al pueblo, Señor, hiciste crecer el pueblo y te llenaste de gloria; ensanchaste las fronteras del país.
[16] Señor, en la angustia acudieron a ti, cuando los castigaste susurraban una oración.
[17] Como la embarazada al acercarse el parto se retuerce y grita de dolor, así nosotros ante ti, Señor.
[18] Habíamos concebido, nos retorcimos de dolor y dimos a luz, pero sólo era viento; no trajimos salvación a la tierra, no nacieron habitantes al mundo.
[19] Pero revivirán tus muertos, los cadáveres se levantarán; se despertarán alegres los habitantes del polvo, pues rocío de luz es tu rocío, y los muertos resurgirán de la tierra.
[20] Anda, pueblo mío, entra en tu casa y cierra la puerta por dentro; escóndete un instante hasta que pase el enojo,
[21] pues ya sale el Señor de su morada para castigar la culpa de los habitantes de la tierra. La tierra vomitará la sangre tragada y no ocultará más a sus muertos.