[1] Bel cae por tierra, Nebo se desploma. Sus imágenes son cargadas a lomos de bestias y mulas. Los ídolos que ustedes llevaban en andas se han convertido en carga pesada para mulas que están extenuadas.
[2] Idolos que se desploman y caen por tierra, que no pueden salvar al que los lleva y ellos mismos van al destierro.
[3] Escúchenme, pueblo de Jacob y todo el resto de Israel, a quienes cargué desde el seno materno, y ayudé desde el vientre de su madre.
[4] Seguiré siendo el mismo hasta que ustedes envejezcan, los seguiré sosteniendo hasta que encanezcan. Así me he comportado y los seguiré ayudando, los sostendré y los libraré.
[5] ¿A quién me pueden asemejar o equiparar? ¿A quién me pueden comparar que resulte parecido a mí?
[6] Hay quienes vacían el oro de su bolsa y pesan la plata en la balanza; contratan un orfebre para que les haga un dios, y luego se postran para adorarlo.
[7] Lo llevan sobre sus hombros, lo sostienen, lo ponen en su sitio y se queda quieto: ya no se moverá de su pedestal. Aunque le griten, no responde, ni los salva del peligro.
[8] Recuerden esto y medítenlo, reflexionen en su interior, rebeldes.
[9] Recuerden las antiguos sucesos. Yo soy Dios, y no hay otro; soy el Señor y no hay nadie igual a mí.
[10] Yo soy quien anuncia el futuro por adelantado, y de antemano lo que aún no ha sucedido. Soy yo quien afirma: mis planes se cumplirán, realizaré todos mi deseos.
[11] Del oriente llamo al ave de rapiña; de un lejano país al hombre que realizará mis planes. Tal como lo anuncié, así lo haré, como lo proyecté, así lo realizaré.
[12] Escúchenme, corazones endurecidos, que están lejos de la liberación:
[13] Yo mismo los liberaré muy pronto, mi salvación no tardará. Traeré a Sión mi salvación y será para Israel mi esplendor.