[1] Así dice el Señor a Ciro, su ungido, a quien ha tomado de la mano para someter ante él a las naciones y destronar a los reyes; para hacer que las ciudades se le rindan y no le cierren las puertas:
[2] Yo avanzaré delante de ti nivelando las montañas; destrozaré las puertas de bronce, romperé los cerrojos de hierro;
[3] te daré los tesoros ocultos y las riquezas escondidas. Así reconocerás que yo soy el Señor, el Dios de Israel, que te llama por tu nombre.
[4] En consideración a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi elegido, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías.
[5] Yo soy el Señor, y no hay otro; no hay otro dios fuera de mí. Te he hecho fuerte, aunque no me conocías,
[6] para que sepan de oriente a occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro:
[7] Yo formo la luz y creo la oscuridad, construyo la paz y creo la desgracia. Yo, el Señor, hago todo esto.
[8] Cielos, destilen el rocío; nubes, lluevan la salvación; que la tierra se abra, que produzca la victoria, y brote a la vez la salvación. Yo, el Señor, lo he creado.
[9] ¡Ay del que litiga con quien lo hace siendo sólo una vasija como otra cualquiera! ¿Acaso dice la arcilla al que la modela: «Qué estás haciendo»? ¿O dice la obra a quien la hace: «No tienes habilidad»?
[10] ¡Ay del que dice al padre: «¿Qué has engendrado?» O a la madre: «¿Qué has dado a luz?»
[11] Así dice el Señor, el Santo de Israel, el que lo modeló: ¿Van a pedirme cuentas de mis hijos, a ordenarme lo que debo hacer con la obra de mis manos?
[12] Yo hice la tierra y he creado al hombre sobre ella; yo extendí el cielo con mis manos, y di órdenes a todos sus astros.
[13] Pues bien, yo he hecho surgir a Ciro para liberarlos, y voy a ayudarlo en su misión; él reconstruirá la ciudad, y libertará a mis deportados, sin exigir rescate ni precio, dice el Señor todopoderoso.
[14] Así dice el Señor: Los mercaderes de Egipto, los comerciantes de Etiopía y los esbeltos habitantes de Saba, derrotados, desfilarán ante ti y serán tus esclavos; caminarán encadenados detrás de ti, te honrarán y reconocerán suplicantes: «Sólo tu Dios es el verdadero, no hay otro; los demás son nada».
[15] Verdaderamente tú eres un Dios escondido: el Dios de Israel, el Salvador.
[16] Todos ellos quedan en ridículo y humillados, se retiran avergonzados los fabricantes de ídolos.
[17] Pero el Señor salva para siempre a Israel; ustedes no quedarán en ridículo ni humillados nunca jamás.
[18] Así dice el Señor, el que creó el cielo, y es Dios, el que formó la tierra, la hizo y la afianzó; el que no la creó caótica, sino que la formó habitable: Yo soy el Señor, y no hay otro.
[19] No he hablado en secreto, ni en lugares ocultos de la tierra; no he dicho a la descendencia de Jacob: «Búsquenme en el vacío». Yo soy el Señor, que digo lo que es justo y anuncio lo que es recto.
[20] Vengan, comparezcan, acérquense todos, sobrevivientes de las naciones. ¡Qué ignorantes son los que cargan con un ídolo de madera e invocan a un dios incapaz de salvar!
[21] Declaren, expongan sus pruebas, que todos deliberen: ¿Quién comunicó esto desde antiguo y lo predijo desde hace tiempo? ¿No fui yo, el Señor? No hay otro dios fuera de mí. Yo soy un Dios justo y salvador, y no existe ningún otro fuera de mí.
[22] Conviértanse a mí y se salvarán, habitantes todos de la tierra, pues yo soy Dios y no hay otro.
[23] Por mí mismo lo juro, de mi boca sale lo que es justo, una palabra irrevocable: ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua
[24] diciendo: «La salvación y el poder vienen sólo del Señor». Quedarán en ridículo todos los que se enfrentaban a él.
[25] Con el Señor se salvará y será grande toda la descendencia de Israel.