[1] Terminada esta oración, bajó un fuego del cielo que consumió el holocausto y las víctimas del sacrificio, mientras la gloria del Señor llenaba el templo.
[2] Los sacerdotes no pudieron entrar en el templo del Señor, porque su gloria lo llenaba por completo.
[3] Todos los israelitas al ver cómo el fuego y la gloria del Señor descendían sobre el templo, se postraron rostro a tierra en actitud de adoración y alabaron al Señor: «porque es bueno, porque es eterno su amor».
[4] El rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios al Señor.
[5] Salomón inmoló veintidós mil novillos y ciento veinte mil ovejas. Así el rey y el pueblo celebraron la dedicación del templo de Dios.
[6] Los sacerdotes oficiaban y los levitas tocaban los instrumentos de música sagrada que el rey David había dispuesto para cantar al Señor lo de «porque es eterno su amor». Junto a ellos los sacerdotes tocaban las trompetas, y todo Israel estaba de pie.
[7] Salomón consagró también el interior del atrio que está en la parte delantera del templo del Señor; en él ofreció los holocaustos, ofrendas y grasas de los sacrificios de comunión. El altar de bronce construido por Salomón, era insuficiente para tantos holocaustos, ofrendas y grasas.
[8] En aquella ocasión, Salomón y con él la inmensa asamblea venida de todo Israel, desde el paso de Jamat hasta el torrente de Egipto, celebraron la fiesta durante siete días.
[9] El octavo día, hicieron fiesta solemne, pues habían celebrado la dedicación del altar durante otros siete días.
[10] El día veintitrés del séptimo mes Salomón despidió al pueblo que regresó a sus casas contento y alegre por todos los beneficios que el Señor había hecho a David, a Salomón, y a su pueblo Israel.
[11] Cuando Salomón terminó el templo del Señor, su palacio y todo lo demás que había proyectado hacer en ellos,
[12] se le apareció el Señor de noche y le dijo: –He escuchado tu oración y he elegido este lugar como templo para los sacrificios.
[13] Cuando yo cierre el cielo y no llueva, cuando ordene a la langosta que devore la tierra, cuando envíe la peste a mi pueblo,
[14] si mi pueblo, sobre el cual se invoca mi nombre, se humilla, ora, busca mi rostro y se arrepiente de su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré sus pecados y devolveré la prosperidad al país.
[15] En adelante dirigiré siempre mis ojos a este lugar y recordaré las plegarias hechas en él.
[16] Yo he elegido y consagrado este templo para morada eterna de mi nombre. En él estarán siempre mis ojos y mi corazón.
[17] Si caminas en mi presencia como tu padre David, cumpliendo todo lo que te he mandado y observando mis leyes y preceptos,
[18] yo consolidaré tu trono real, como prometí a tu padre David cuando dije: No te faltará un descendiente en el trono de Israel.
[19] Pero si me abandonan y, en lugar de cumplir las leyes y mandamientos que les he dado, dan culto a otros dioses y los adoran,
[20] yo los arrancaré de la tierra que les he dado, y rechazaré este templo que he consagrado a mi nombre, y haré de él motivo de risa y de burla entre todos los pueblos.
[21] Y todo el que pase junto a este templo, que era tan glorioso, quedará asombrado y preguntará: «¿Por qué ha tratado así el Señor a este país y a este templo?».
[22] Le responderán: «Porque abandonaron al Señor, su Dios, que sacó de Egipto a sus antepasados, y se entregaron a otros dioses, adorándolos y dándoles culto. Por eso el Señor ha hecho caer sobre ellos todos estos males».