[1] Terminada la fiesta, los israelitas asistentes se esparcieron por las ciudades de Judá, destruyendo las piedras conmemorativas y las imágenes sagradas, los santuarios de los altozanos y los altares en todo Judá, Benjamín, Efraín y Manasés, hasta la total aniquilación. Después regresaron a sus ciudades, cada uno a su casa.
[2] Ezequías restableció las clases de los sacerdotes y levitas, reglamentando sus funciones en lo referente a los holocaustos, sacrificios de comunión, servicios e himnos litúrgicos de acción de gracias, en las puertas de la explanada del templo del Señor.
[3] El rey destinó parte de sus bienes para los holocaustos de la mañana y de la tarde, de los sábados, de las fiestas de luna nueva y demás solemnidades, según está escrito en la ley del Señor.
[4] Ordenó al pueblo que residía en Jerusalén reservar la parte correspondiente a los sacerdotes y levitas, para que éstos pudieran entregarse al cumplimiento de la ley del Señor.
[5] Divulgada esta orden, los israelitas ofrecieron con generosidad los primeros frutos del grano, vino nuevo, aceite, miel y demás productos del campo, y los diezmos de todas las cosas.
[6] La gente de Israel y de Judá que vivían en las ciudades de Judá, trajeron también el diezmo del ganado vacuno y ovino y el de las cosas santas consagradas al Señor su Dios, distribuyéndolo todo en porciones.
[7] Comenzaron a hacer las porciones en el mes tercero y terminaron en el séptimo.
[8] Ezequías y sus jefes vinieron a ver las porciones y bendijeron al Señor y a su pueblo Israel.
[9] Ezequías pidió información sobre las porciones a los sacerdotes y levitas.
[10] El sumo sacerdote Azarías, de la familia de Sadoc, se lo explicó así: –Desde que comenzaron a traer ofrendas al templo del Señor, hemos comido a satisfacción y nos ha sobrado mucho, porque el Señor ha bendecido a su pueblo; esto es lo que nos ha sobrado.
[11] Ezequías mandó preparar almacenes junto al templo del Señor. Una vez preparados,
[12] almacenaron con escrupulosidad las ofrendas, los diezmos y las cosas consagradas. El levita Cananías fue nombrado intendente y su hermano Simey ayudante suyo.
[13] A sus órdenes, en calidad de inspectores, estaban Yejiel, Azazías, Najat, Asael, Yerimot, Yozabad, Eliel, Yismaquías, Majat y Benayas, tal como lo había dispuesto el rey Ezequías y Azarías, prefecto del templo.
[14] Coré, hijo del levita Yimná, portero de la puerta oriental, tenía a su cargo la recepción y distribución de las ofrendas voluntarias hechas al Señor y de las cosas consagradas.
[15] A sus órdenes estaban Edén, Minyamín, Josué, Semeyas, Amarías y Secanías; éstos residían permanentemente en las ciudades sacerdotales, para entregar a sus hermanos, divididos en clases, lo mismo grandes que pequeños, su parte correspondiente.
[16] Se abrió un registro para los grupos sacerdotales y levitas mayores de treinta años que venían diariamente por turnos al templo del Señor a prestar sus servicios rituales.
[17] Los sacerdotes fueron agrupados por familias patriarcales, y los levitas mayores de veinte años, por sus funciones y clases.
[18] El registro incluía toda la familia: mujeres, hijos e hijas en toda la asamblea, pues estaban consagrados al servicio de las cosas santas.
[19] En todas las ciudades había hombres expresamente designados para hacer el reparto a los sacerdotes descendientes de Aarón, que vivían en los campos de las respectivas ciudades, y a todos los levitas que estuvieran debidamente registrados.
[20] Esto fue lo que hizo Ezequías en todo Judá: agradó al Señor, su Dios, con una conducta buena, recta y fiel.
[21] Todo lo que hizo en favor del templo del Señor, de la ley y de los mandamientos, lo hizo buscando siempre a su Dios, con todo su corazón. Por eso tuvo éxito.