[1] Ajaz comenzó a reinar a la edad de veinte años y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su conducta no agradó al Señor; no fue como la de David, su antepasado,
[2] sino que imitó la conducta de los reyes de Israel. Hizo estatuas de metal fundido en honor de Baal,
[3] quemó incienso en el valle de Ben-Hinón, e hizo pasar por el fuego a su hijo, según las costumbres detestables de las gentes que el Señor había expulsado ante los israelitas.
[4] Ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los santuarios de los altozanos, en las colinas y bajo todo árbol frondoso.
[5] El Señor, su Dios, lo entregó en poder del rey de Siria que lo derrotó llevando cautivos a Damasco una gran cantidad de prisioneros de guerra. También lo entregó en poder del rey de Israel, que le causó una gran derrota.
[6] En efecto, Pecaj, hijo de Romelías, mató en un solo día ciento veinte mil guerreros valerosos de Judá; todo por haber abandonado al Señor, el Dios de sus antepasados.
[7] Zicrí, guerrero efraimita, mató a Maasías, hijo del rey, a Azricán, mayordomo del palacio real, y a Elcaná, lugarteniente del rey.
[8] Los israelitas hicieron prisioneros a doscientos mil hermanos suyos, contando mujeres, hijos e hijas, y se apoderaron de un gran botín, que se llevaron a Samaría.
[9] Un profeta del Señor, llamado Oded, salió al encuentro del ejército que regresaba a Samaría y les dijo: –El Señor, Dios de sus antepasados, irritado contra Judá, los ha entregado en su poder; ustedes, sin embargo, los han matado con una ferocidad que clama al cielo.
[10] Y ahora tratan de reducir a esclavitud a estos habitantes de Judá y Jerusalén. Pero, ¿no son también ustedes culpables ante el Señor, su Dios?
[11] Háganme caso y devuelvan los prisioneros a sus hermanos, porque la ira ardiente del Señor los amenaza.
[12] Unos cuantos jefes de Efraín: Azarías, hijo de Juan, Berequías, hijo de Meselimot, Ezequías, hijo de Salún, y Amasá, hijo de Yadlay detuvieron al ejército expedicionario
[13] y dijeron: –No introduzcan aquí a los prisioneros, pues nos harían culpables ante el Señor. Aumentarían nuestras culpas, ya de por sí grandes y numerosas, pues la ira ardiente del Señor amenaza a Israel.
[14] Los soldados soltaron a los prisioneros y el botín a la vista de los jefes y de toda la muchedumbre.
[15] Un grupo de hombres, designados expresamente para ello, se hicieron cargo de los prisioneros y con la ropa y calzado del botín vistieron a los desnudos y calzaron a los descalzos; les dieron a todos comida y bebida, les curaron las heridas con aceite y, montando en burros a todos los desfallecidos, los llevaron a Jericó, la ciudad de las palmeras, junto a sus hermanos; y ellos regresaron a Samaría.
[16] Por aquel tiempo el rey Ajaz llamó en su ayuda al rey de Asiria.
[17] Los edomitas habían atravesado de nuevo Judá haciendo muchos prisioneros.
[18] Los filisteos habían invadido las ciudades de la Sefelá y del sur de Judá, conquistando sus poblados: Betsemes, Ayalón, Guederot, Socó, Timná y Guimzó con sus poblados, y se habían establecido en ellos.
[19] Así humillaba el Señor a Judá, a causa de su rey Ajaz, que había arrastrado al mal a Judá y había sido infiel al Señor.
[20] Teglatfalasar, rey de Asiria, en vez de ayudarlo, marchó contra él y lo sitió.
[21] Ajaz confiscó parte de los bienes del templo del Señor, del palacio real y de los jefes, y se los envió al rey de Asiria, pero no le sirvió de nada.
[22] Durante el asedio, el rey Ajaz siguió siendo infiel al Señor.
[23] Hasta llegó a ofrecer sacrificios a los dioses de Damasco, que lo habían derrotado, pensando: «Puesto que los dioses de los reyes de Asiria le ayudan, les ofreceré sacrificios, y también me ayudarán a mí». Pero ellos fueron la causa de su ruina y de la de todo Israel.
[24] Ajaz hizo añicos los utensilios del templo de Dios y cerró sus puertas. Construyó altares en todas las esquinas de Jerusalén,
[25] y santuarios en los altozanos en todas las ciudades de Judá para quemar incienso a los ídolos, colmando así la ira del Señor, el Dios de sus antepasados.
[26] El resto de la historia y de todo su gobierno está escrito, desde el comienzo al final, en el Libro de los reyes de Judá y de Israel.
[27] Ajaz murió y fue sepultado en Jerusalén pero no en el panteón de los reyes. Le sucedió su hijo Ezequías