[1] Asá agradó con su buena conducta al Señor, su Dios.
[2] Destruyó los altares de los dioses extranjeros, los santuarios de los altozanos, las piedras conmemorativas y las imágenes sagradas.
[3] Exhortó a Judá a buscar al Señor, Dios de sus antepasados, cumpliendo su ley y sus mandamientos.
[4] Destruyó en todas las ciudades de Judá los santuarios de los altozanos y las imágenes del culto solar. El reino estuvo en paz durante sus días.
[5] Aprovechando estos años de paz interior y exterior que el Señor le concedió, se propuso reconstruir las ciudades fortificadas de Judá.
[6] Así que dijo a la gente de Judá: – Reconstruyamos estas ciudades, rodeémoslas de murallas y torres con puertas y cerrojos, mientras el país está en nuestro poder. Hemos servido al Señor, nuestro Dios, y él nos ha dado la paz en todas las fronteras. Emprendieron la reconstrucción y la llevaron a término con éxito.
[7] Asá tenía un ejército de trescientos mil hombres armados de escudo y lanza en Judá, y doscientos ochenta mil armados de escudo y arco, en Benjamín; todos hombres valerosos.
[8] Zéraj, el cusita, se puso en marcha para atacarlos con un millón de hombres y trescientos carros de combate, y llegó hasta Maresá.
[9] Asá le salió a su encuentro y formaron en orden de batalla en el valle de Sefetá, junto a Maresá.
[10] Asá invocó al Señor, su Dios: –Señor, sólo tú puedes auxiliar al débil frente al poderoso. Defiéndenos, Señor, Dios nuestro, porque en ti confiamos y en tu nombre vamos a luchar contra esta multitud. Señor, tú eres nuestro Dios: que ningún hombre prevalezca contra ti.
[11] El Señor desbarató a los cusitas ante Asá y Judá.
[12] Los cusitas huyeron; Asá los persiguió con su ejército hasta Guerar, porque el Señor y su ejército los exterminaron. El botín de los vencedores fue inmenso.
[13] Conquistaron todas las ciudades de la región de Guerar, de las que se había apoderado el pánico del Señor; todas fueron saqueadas, pues era abundante su botín.
[14] De los corrales y establos se llevaron una enorme cantidad de ovejas y camellos. Después regresaron a Jerusalén.