[1] El pueblo proclamó rey a Joacaz, hijo de Josías, como sucesor de su padre en Jerusalén.
[2] Joacaz comenzó a reinar a los veintitrés años y reinó tres meses en Jerusalén.
[3] El rey de Egipto lo destronó en Jerusalén e impuso al país un impuesto de tres mil cuatrocientos kilos de plata y treinta y cuatro kilos de oro.
[4] Nombró rey de Judá y de Jerusalén a su hermano Eliaquín, cambiando su nombre por el de Joaquín. A su hermano Joacaz, Necao se lo llevó prisionero a Egipto.
[5] Joaquín comenzó a reinar a los veinticinco años y reinó once años en Jerusalén. Ofendió con su conducta al Señor, su Dios.
[6] Nabucodonosor, rey de Babilonia, emprendió una campaña militar contra él, y lo llevó a Babilonia cargado de cadenas.
[7] También se llevó a Babilonia numerosos utensilios del templo del Señor, depositándolos en su palacio de Babilonia.
[8] El resto de la historia de Joaquín, su perversa conducta y todo lo que hizo, está escrito en el Libro de los reyes de Israel y de Judá. Le sucedió su hijo Jeconías.
[9] Jeconías comenzó a reinar a los ocho años y reinó tres meses en Jerusalén. Ofendió con su conducta al Señor.
[10] A comienzos del año, el rey Nabucodonosor hizo que lo deportaran a Babilonia junto con los objetos más valiosos del templo del Señor, y nombró a su tío Sedecías rey de Judá y de Jerusalén.
[11] Sedecías comenzó a reinar a los veintiún años y reinó once años en Jerusalén.
[12] Ofendió con su conducta al Señor su Dios y no hizo caso al profeta Jeremías que le hablaba en nombre del Señor.
[13] Se rebeló contra el rey Nabucodonosor, al cual había prestado juramento de fidelidad en el nombre del Señor. Terco y obstinado, no quiso convertirse al Señor, el Dios de Israel.
[14] Del mismo modo todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo pecaron sin cesar, practicando las abominaciones idolátricas de las naciones y contaminando el templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén.
[15] El Señor, Dios de sus antepasados, en su afán de salvar a su pueblo y a su templo, les envió continuos mensajeros.
[16] Pero se burlaron de ellos, menospreciaron sus palabras, y se mofaron de sus profetas, colmando así la ira del Señor contra su pueblo, hasta el punto que ya no hubo remedio.
[17] El Señor mandó contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a sus jóvenes en el santuario mismo, sin perdonar a nadie, ni muchacho ni doncella, ni anciano ni anciana: Dios entregó a todos en su poder.
[18] Nabucodonosor se llevó a Babilonia todos los objetos del templo de Dios, grandes y chicos, los tesoros del templo, los del rey y los de sus jefes.
[19] El templo del Señor fue consumido por las llamas, las murallas fueron demolidas, los palacios incendiados y todos los objetos preciosos destruidos.
[20] Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada, los cuales pasaron a ser esclavos del rey y de sus hijos hasta que se estableció el imperio persa.
[21] Así se cumplió la palabra del Señor pronunciada por Jeremías: «La tierra descansará asolada durante setenta años hasta que recupere sus años de descanso sabático».
[22] El año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la profecía de Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, que publicó de palabra y por escrito por todo su reino este edicto:
[23] «Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encomendado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Los que de entre ustedes pertenezcan a su pueblo, que regresen, y que el Señor su Dios esté con ellos».