[1] ¡Quién me diera un hogar en el desierto, para abandonar a mi pueblo y apartarme de él! Pues son todos adúlteros, una banda de traidores.
[2] Tensan su lengua como un arco; dominan el país con la mentira, no con la verdad; van de maldad en maldad sin conocerme a mí. Oráculo del Señor.
[3] Que cada cual se proteja de su compañero, y no se fíe de su hermano, porque el hermano engaña, y el compañero calumnia.
[4] Se engañan unos a otros, no dicen la verdad, entrenan su lengua para la mentira, están corrompidos, pervertidos sin remedio.
[5] ¡Violencia sobre violencia, engaño sobre engaño! Rehúsan conocerme. Oráculo del Señor.
[6] Por eso, así dice el Señor todopoderoso: Voy a fundirlos y examinarlos; pues ¿qué puedo hacer ante su maldad?
[7] Su lengua es una flecha mortal, su boca dice mentiras. Saludan a su prójimo deseándole paz, pero en su corazón le preparan una trampa.
[8] ¿Cómo no voy a pedirles cuentas? ¿No voy a vengarme si un pueblo actúa así? Oráculo del Señor.
[9] Lloraré y gemiré por las montañas, me lamentaré por los pastos de la llanura, porque están quemados, y nadie pasa ya por ellos, ni se oye el balar de los rebaños; desde las aves del cielo hasta las bestias todas se fueron huyendo.
[10] Convertiré a Jerusalén en un montón de piedras, en una guarida de chacales; dejaré desiertas y sin habitantes a las ciudades de Judá.
[11] ¿Qué sabio puede comprender eso? Que lo proclame aquel a quién se lo haya revelado el Señor. ¿Por qué perece esta tierra asolada como un desierto por donde nadie pasa?
[12] El Señor responde: –Porque han abandonado la ley que les di; en lugar de obedecerme y seguirme a mí,
[13] han persistido en su endurecimiento, y han seguido a los ídolos recibidos de sus antepasados.
[14] Por eso, así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: –Yo daré de comer a este pueblo hierbas amargas y les haré beber agua envenenada.
[15] Los dispersaré entre naciones que ni ellos ni sus antepasados conocían, y enviaré detrás de ellos la espada hasta que los extermine.
[16] Así dice el Señor todopoderoso: Sean sensatos y llamen a las plañideras. Hagan venir a las expertas;
[17] que vengan en seguida y entonen por nosotros un lamento; que derramen lágrimas nuestros ojos, que brote llanto de nuestros párpados.
[18] Ya se oyen lamentos en Sión: «¡Estamos destruidos y avergonzados! Tuvimos que abandonar el país, han derribado nuestras casas».
[19] Escuchen, mujeres, la palabra del Señor, reciban sus oídos la palabra de su boca. Enseñen a sus hijas lamentaciones, y a sus vecinas este canto fúnebre:
[20] «Ha subido la muerte por nuestras ventanas, ha penetrado en nuestros palacios, ha exterminado a los niños en la calle, a los jóvenes en las plazas».
[21] ¡Habla! Este es el oráculo del Señor: los cadáveres yacen como estiércol por los campos, como gavillas detrás del que cosecha, sin que nadie los recoja.
[22] Así dice el Señor: Que el sabio no presuma de su sabiduría, que el soldado no presuma de su fuerza, que el rico no presuma de su riqueza;
[23] el que quiera presumir que presuma de esto: de conocerme y comprender que yo soy el Señor, el que ejerce en la tierra la fidelidad, el derecho y la justicia; y me complazco en ellas. Oráculo del Señor.
[24] Vienen días, oráculo del Señor, en que yo castigaré a todos los que sólo se hayan circuncidado en la carne:
[25] Egipto, Judá, Edom, Amón, Moab, todos los habitantes del desierto que se rasuran la cabeza; porque todos los pueblos son incircuncisos, y todos los israelitas son incircuncisos de corazón.