[1] Cuando Jeremías terminó de decir al pueblo todas las palabras que el Señor su Dios le había encargado decirles –todas estas palabras–,
[2] Azarías, hijo de Maasías, Juan, hijo de Carea, y todos los demás hombres altaneros dijeron a Jeremías: –Es mentira lo que dices. El Señor nuestro Dios no te ha enviado a decir: «No vayan a vivir en Egipto»,
[3] sino que es Baruc, hijo de Nerías, quien te incita contra nosotros; pretende entregarnos a los caldeos para que nos maten o nos deporten a Babilonia.
[4] Así que ni Juan, hijo de Carea, ni los oficiales ni el pueblo obedecieron la orden del Señor; no se quedaron a vivir en Judá,
[5] sino que Juan, hijo de Carea, y sus oficiales reunieron al resto de Judá, a los que habían regresado para vivir en Judá desde las naciones en que se encontraban dispersos:
[6] hombres, mujeres, niños, princesas reales y todas las personas que Nabuzardán, jefe de la escolta real, había dejado con Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán, incluidos también el profeta Jeremías y Baruc, hijo de Nerías;
[7] y sin hacer caso al Señor se dirigieron a Egipto llegando hasta Tafnis.
[8] En Tafnis, el Señor habló así a Jeremías:
[9] –Toma unas piedras grandes y, en presencia de los judíos, húndelas en la mezcla del pavimento que está a la entrada del palacio del faraón en Tafnis.
[10] Luego diles lo siguiente: Así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Yo mandaré a buscar a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y pondré su trono sobre estas piedras que he hundido; él extenderá sobre ellas su alfombra.
[11] Vendrá y herirá a Egipto. El que está destinado a morir, morirá; el destinado al cautiverio, cautivo quedará; el destinado a perecer bajo la espada, a espada perecerá.
[12] Incendiará los templos de los dioses de Egipto, los quemará, y a sus dioses los deportará; despiojará a Egipto como un pastor despioja su ropa; y se retirará de allí sano y salvo.
[13] Destrozará los obeliscos de Heliópolis en Egipto, e incendiará los templos de los dioses egipcios.