[1] El Señor me dijo: –Aunque se presentaran ante mí Moisés y Samuel, no me apiadaría de este pueblo: Echalos de mi presencia; que se vayan.
[2] Y si te dicen: «¿Adónde iremos?», les responderás: Así dice el Señor: A la muerte el destinado a la muerte; a la espada el destinado a la espada; al hambre el destinado al hambre; al cautiverio el destinado al cautiverio.
[3] Yo enviaré contra ellos cuatro clases de castigos, oráculo del Señor: la espada para matarlos, los perros para arrastrarlos, las aves del cielo y las bestias de la tierra para devorarlos y acabar con ellos.
[4] Servirán de escarmiento para todos los pueblos de la tierra, a causa de Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, por todo lo que ha hecho en Jerusalén.
[5] ¿Quién se apiadará de ti, Jerusalén? ¿Quién te compadecerá? ¿Quién se desviará para preguntar por ti?
[6] Tú me has abandonado, oráculo del Señor, me has dado la espalda. Por eso extendí mi mano para destruirte, cansado ya de compadecerme
[7] Los he dispersado con la horquilla por las ciudades del país, los he privado de hijos, he aniquilado a mi pueblo, pero no cambiaron de conducta.
[8] Sus viudas son más que la arena de la playa; envié en pleno día un devastador contra las madres de los jóvenes; hice caer de repente sobre ellas angustia y pánico.
[9] La madre de siete hijos, desfallecía al faltarle el aliento; el sol se ha puesto para ella en pleno día, está avergonzada y confundida. Y lo que queda de ellos, lo entregaré a la espada, al asalto de sus enemigos. Oráculo del Señor.
[10] ¡Ay de mí, madre mía, pues me engendraste hombre de pleitos y controversias con todo el mundo! No he prestado, ni he pedido préstamos, y sin embargo todos me maldicen.
[11] Dice el Señor: Sí, te he creado enemistades, pero para bien; sí, lancé al enemigo contra ti en el tiempo de la desgracia y de la angustia; pero
[12] ¿puede partirse el hierro, el hierro del norte y el bronce?
[13] Entregaré al saqueo tus bienes y tus tesoros, por todos los pecados cometidos en tu territorio.
[14] Te haré esclavo de tus enemigos en un país que no conoces; se ha encendido el fuego de mi ira y arde contra ustedes.
[15] Tú lo sabes, Señor; acuérdate de mí y cuídame; véngame de mis perseguidores, no dejes que me arrebaten, abusando de tu paciencia; mira que por ti soporto las injurias.
[16] Cuando encontraba tus palabras, yo las devoraba; tus palabras eran mi delicia y la alegría de mi corazón, porque he sido consagrado a tu nombre, Señor, Dios todopoderoso.
[17] No me he sentado a disfrutar con los que se divertían; forzado por tu mano me senté solitario, pues tú me llenaste de indignación.
[18] ¿Por qué es continuo mi dolor, y mi herida incurable y sin remedio? Te me has vuelto arroyo engañoso de aguas inconstantes.
[19] Entonces el Señor me respondió así: Si regresas a mí, yo te haré regresar y estarás a mi servicio, si separas lo precioso de lo despreciable, tú serás mi portavoz; que sean ellos quienes te den la razón y no tú a ellos.
[20] Te pondré frente a este pueblo, como sólida muralla de bronce: lucharán contra ti, pero no te vencerán, pues yo estaré contigo para salvarte y librarte. Oráculo del Señor.
[21] Te libraré de la mano de los malvados, te rescataré del poder de los violentos.