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[1] Palabra que el Señor dirigió a Jeremías el año décimo del reinado de Sedecías, correspondiente al décimo octavo del reinado de Nabucodonosor.

[2] Por entonces el ejército del rey de Babilonia sitiaba Jerusalén y el profeta Jeremías estaba encerrado en el patio de guardia del palacio real de Judá.

[3] Sedecías, rey de Judá, había mandado encerrarlo allí con esta acusación: «¿Por qué andas profetizando: Esto dice el Señor: Voy a entregar a esta ciudad en poder del rey de Babilonia.

[4] Sedecías, rey de Judá, no escapará del poder de los caldeos, sino que será entregado sin remedio en poder del rey de Babilonia y tendrá que vérselas con él cara a cara.

[5] Sedecías será llevado a Babilonia donde permanecerá hasta que yo me ocupe de él –oráculo del Señor–. De nada servirá oponerse a los caldeos?».

[6] Jeremías dijo: –El Señor me ha hablado así:

[7] Mira, Janamel, hijo de tu tío Salún, tiene la intención de proponerte lo siguiente: «Compra mi campo de Anatot, porque a ti te corresponde comprarlo, según las leyes del rescate».

[8] En efecto, conforme a la palabra del Señor, mi primo Janamel vino al patio de guardia donde yo estaba prisionero y me dijo: –Compra mi campo de Anatot, en el territorio de Benjamín, pues a ti te corresponde comprarlo según las leyes del rescate. Cómpratelo. Me di cuenta de que era cosa del Señor;

[9] compré a mi primo Janamel el campo de Anatot, y le pagué el precio: diecisiete monedas de plata.

[10] Redacté el contrato, lo sellé, busqué testigos y pesé el dinero en la balanza.

[11] Tomé el contrato de compra, la copia sellada, según las leyes, y también la copia abierta,

[12] y se las entregué a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, delante de mi primo Janamel, de los testigos que habían firmado el contrato y de todos los judíos que se hallaban en el patio de guardia.

[13] Y delante de ellos di esta orden a Baruc:

[14] –Así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Toma estos documentos, este contrato de compra, la copia sellada y la copia abierta y mételos en una vasija de barro, para que puedan conservarse mucho tiempo;

[15] porque así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Todavía se comprarán casas, campos y viñas en esta tierra.

[16] Después de entregar a Baruc, hijo de Nerías, el contrato de compra, dirigí al Señor esta oración:

[17] –¡Ah, Señor, tú has hecho el cielo y la tierra con brazo fuerte y poderoso; nada te es imposible!

[18] Muestras tu amor a mil generaciones sin fin, pero castigas la maldad de los padres en sus hijos. Eres un Dios grande y fuerte que llevas por nombre Señor todopoderoso;

[19] tus planes son grandiosos, tus acciones poderosas; tus ojos vigilan la conducta de los hombres para darle a cada uno de acuerdo con sus actos.

[20] Tú has realizado signos y prodigios en Egipto, cuyo recuerdo perdura hasta hoy; tu nombre se ha hecho así famoso por siempre, tanto en Israel como entre todos los hombres.

[21] Tú sacaste a tu pueblo Israel de Egipto, con signos y prodigios, con brazo fuerte y poderoso, sembrando gran terror.

[22] Y les diste esta tierra que mana leche y miel como habías jurado a sus antepasados.

[23] Ellos entraron y la ocuparon, pero no te obedecieron ni caminaron según tu ley; no hicieron lo que les habías mandado, y por eso les has enviado esta gran desgracia.

[24] Los terraplenes para el asalto llegan ya hasta la ciudad que va a caer en poder de los caldeos que la conquistarán, acosada por la espada, el hambre y la peste. Todo lo que que habías anunciado está sucediendo. Lo estás viendo

[25] y, sin embargo tú, Señor, me mandas que en presencia de testigos compre este campo, cuando la ciudad está a punto de caer en poder de los caldeos.

[26] Entonces el Señor habló así a Jeremías:

[27] –Yo soy el Señor, el Dios de todo ser viviente. ¿Hay algo imposible para mí?

[28] Por eso así dice el Señor: Entrego esta ciudad en poder de los caldeos y de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para que la conquiste.

[29] Los caldeos que atacan la ciudad entrarán en ella y la incendiarán; quemarán las casas, en cuyas terrazas los israelitas han quemado incienso a Baal y han hecho ofrendas a otros dioses para ofenderme.

[30] Porque tanto los de Israel como los de Judá no han hecho más que ofenderme desde su juventud; los israelitas, en efecto, me han ofendido continuamente con su conducta –oráculo del Señor–

[31] y esta ciudad ha provocado mi enojo y mi furor desde el día en que se fundó hasta hoy. Así que la haré desaparecer de mi vista,

[32] pues tanto los de Israel como los de Judá me han ofendido haciendo el mal junto con sus reyes, príncipes, sacerdotes, profetas y con todos los habitantes de Judá y de Jerusalén.

[33] Me han dado la espalda, no quieren mirarme de frente; por más que he tratado de enseñarles sin descanso, no han querido escuchar ni dejarse enseñar.

[34] Hasta han profanado el templo consagrado a mi nombre, poniendo allí sus ídolos,

[35] y han construido lugares de culto a Baal en el valle de Ben-Hinón, para sacrificar sus hijos e hijas a Moloc. Esto es algo que yo nunca les mandé, ni jamás se me pasó por la cabeza que Judá podría cometer tal infamia y pecar hasta tal punto.

[36] Y ahora, he aquí lo que dice el Señor, Dios de Israel a esta ciudad de la que ustedes dicen: «va a caer en poder del rey de Babilonia acosada por la espada, el hambre y la peste»:

[37] Yo los reuniré de todos los países por donde mi enojo, mi furor y mi gran indignación los dispersó; los conduciré de nuevo a este lugar y haré que vivan seguros en él.

[38] Serán mi pueblo y yo seré su Dios;

[39] haré que sólo piensen y sólo se comporten de modo que ya siempre me rindan culto para su bien y el de todos sus habitantes.

[40] Estableceré con ellos una alianza eterna; no cesaré de favorecerlos y les daré un corazón fiel, para que no vuelvan a alejarse de mí.

[41] Mi alegría consistirá en hacerles el bien y los plantaré permanentemente en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma.

[42] Pues así dice el Señor: «Como he traído sobre este pueblo esta gran desgracia, así traeré sobre ellos todo el bien que les anuncio».

[43] Todavía se comprarán campos en esta tierra de la que ustedes dicen: «se ha convertido en lugar desértico, sin hombres ni animales: ha caído en poder de los caldeos».

[44] Se comprarán campos por dinero, se redactarán contratos, que serán firmados ante testigos en el territorio de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén y en las ciudades de Judá, de la montaña, del llano y del Negueb. Porque yo cambiaré la suerte de esta tierra. Oráculo del Señor.

Jeremías — Chapters