[1] Tú, Señor, resultas inocente cuando me enfrento contigo. Sin embargo, quiero discutir esta cuestión: ¿Por qué prosperan los malvados, y viven tranquilos los traidores?
[2] Los plantas y echan raíces, crecen y dan fruto. Estás cerca de su boca, pero lejos de su corazón.
[3] Tú me conoces, Señor, me ves y sabes cuál es mi actitud contigo. Apártalos como a ovejas destinadas al matadero, resérvalos para el día de la matanza.
[4] ¿Hasta cuándo estará en duelo la tierra, y seco todo el campo? Por la maldad de sus habitantes, perecen bestias y aves, porque dicen: «El Señor no ve lo que hacemos».
[5] Si corres con los de a pie y te cansan, ¿cómo competirás con caballos? Si necesitas un país en paz para estar seguro, ¿qué harás en la espesura del Jordán?
[6] Pues hasta tus hermanos y tu familia te traicionan, ellos mismos andan diciendo a tus espaldas: «¡Basta!». No confíes en ellos cuando te digan cosas agradables.
[7] Abandono mi casa, rechazo mi heredad, entrego a la amada de mi alma en manos de sus enemigos.
[8] Mi heredad es para mí como un león en la selva: ha lanzado contra mí sus rugidos; por eso la detesto.
[9] Mi heredad se me ha vuelto un pájaro multicolor, rodeado de buitres. ¡Vengan, júntense, bestias del campo, vengan a devorar!
[10] Numerosos pastores han arruinado mi viña, han pisoteado mi parcela, convierten en lugar devastado mi campo preferido,
[11] la han convertido en lugar desértico; está ante mí devastada y desolada. Todo el país está devastado y nadie se preocupa.
[12] Por todas las lomas del desierto llegan los devastadores, porque el Señor empuña una espada que devora de un extremo al otro de la tierra; no hay paz para nadie.
[13] Sembraron trigo y cosechan cardos: en vano se cansaron. Su cosecha los avergüenza, por la ardiente ira del Señor.
[14] Así dice el Señor: –A todos los malos vecinos que atacan la herencia que di a mi pueblo Israel como patrimonio yo los arrancaré de su suelo y de en medio de ellos arrancaré a la descendencia de Judá.
[15] Pero después de arrancarlos, me apiadaré de ellos y haré que cada uno regrese a su tierra y a su país.
[16] Y si aprenden el camino de mi pueblo, y a jurar por mi nombre diciendo: «¡Vive el Señor!» lo mismo que ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, entonces se establecerán en medio de mi pueblo.
[17] Pero a la nación que no obedezca, la arrancaré y la destruiré. Oráculo del Señor.