[1] El Señor me dijo:
[2] Anda y proclama en Jerusalén: Así dice el Señor: Recuerdo tu amor de juventud, tu cariño de joven esposa, cuando me seguías por el desierto, por una tierra sin cultivar.
[3] Israel estaba consagrado al Señor, era el primer fruto de su cosecha; quien le hacía daño, yo lo castigaba, la desgracia caía sobre él. Oráculo del Señor.
[4] Escuchen la palabra del Señor, descendencia de Jacob, y todas las familias de la descendencia de Israel.
[5] Así dice el Señor: ¿Qué falta encontraron en mí sus antepasados para alejarse de mí? Siguieron a dioses vanos y acabaron siendo vanidad.
[6] No preguntaban: «¿Dónde está el Señor que nos sacó de Egipto, que nos condujo a través del desierto, tierra árida y agrietada, tierra de sequía y de oscuridad, tierra por donde nadie pasa y en donde nadie vive?»
[7] Yo los traje a un vergel y les di de comer sus frutos y sus bienes. Pero ustedes entraron y profanaron mi tierra, convirtieron mi herencia en un lugar aborrecible.
[8] Los sacerdotes no preguntaban: «¿Dónde está el Señor?» Los guardianes de la ley no me conocían; los pastores se rebelaron contra mí; los profetas profetizaban en nombre de Baal, siguiendo a dioses inútiles.
[9] Por eso, voy a seguir pleiteando contra ustedes, oráculo del Señor, y pleitearé con los hijos de sus hijos.
[10] Vayan hasta las costas de Chipre a investigar, envien observadores a Cadar para que se informen, a ver si ha sucedido algo semejante.
[11] ¿Acaso algún pueblo cambia de dioses? –y eso que no son dioses–. Pues mi pueblo ha cambiado su Dios por dioses inútiles.
[12] Espántense de esto, cielos, tiemblen aterrorizados. Oráculo del Señor.
[13] Que mi pueblo ha cometido un doble crimen: me han abandonado a mí, fuente de agua viva, para construir cisternas, cisternas agrietadas, que no retienen el agua.
[14] ¿Es acaso Israel un esclavo, o un siervo nacido en casa? ¿Por qué se ha convertido en presa?
[15] Contra él han rugido leones, han lanzado su aullido, han dejado su tierra desolada, sus ciudades incendiadas, sin gente.
[16] Hasta los de Menfis y de Tafnes te han humillado rapándote la cabeza.
[17] ¿No te ha sucedido esto por haber abandonado al Señor tu Dios?
[18] Y ahora ¿para qué quieres ir a Egipto? ¿Para beber el agua del Nilo? ¿Para qué quieres ir a Asiria? ¿Para beber el agua del Eufrates?
[19] Tu maldad te castiga, tu infidelidad te condena. Experimenta y aprende qué doloroso y amargo es abandonar y no respetar al Señor, tu Dios. Oráculo del Señor todopoderoso.
[20] Hace tiempo que has quebrado tu yugo y has roto tus ataduras, diciendo: «No seguiré siendo esclavo». Pero en toda colina elevada, bajo cualquier árbol frondoso, te has echado como una prostituta.
[21] Yo te había plantado como viña selecta, llena de las mejores parras. ¿Cómo te has convertido en parra degenerada, en viña bastarda?
[22] Aunque te laves con jabón y utilices mucho blanqueador, siempre tendré presente la mancha de tu maldad. Oráculo del Señor.
[23] ¿Cómo puedes decir: «No estoy contaminada, no he seguido a los ídolos»? Mira tus huellas en el valle, reconoce lo que has hecho, camella ligera, errante por los caminos;
[24] asna salvaje, habituada al desierto, que, llevada de su sensualidad, aspira el viento. ¿Quién saciará su deseo? El que la busca no tiene que cansarse: la encuentra en celo.
[25] Ten cuidado, no se descalce tu pie y se seque tu garganta. Pero tú dices: «¡Nada de eso! Yo amo a extranjeros y me iré tras ellos».
[26] Como se avergüenza un ladrón al ser sorprendido, así se avergonzará la descendencia de Israel, ellos, sus reyes, jefes, sacerdotes y profetas,
[27] que dicen a un madero: «Tú eres mi padre» y a una piedra: «Tú me has dado la vida». Ellos me dan la espalda, no la cara, pero en el tiempo de la desgracia, gritan: «¡Levántate, sálvanos!»
[28] ¿Dónde están los dioses que te has hecho? ¡Que vengan en tu ayuda, en el tiempo de la desgracia! Porque tus dioses, Judá, son tantos como tus ciudades.
[29] ¿Por qué entablan pleito conmigo, si todos se han rebelado contra mí? Oráculo del Señor.
[30] En vano he castigado a sus hijos: no han aprendido la lección; la espada de ustedes devoró a sus profetas, como un león que todo lo destroza.
[31] Ustedes, los de esta generación, presten atención a la palabra del Señor. ¿He sido yo un desierto para Israel, o una tierra tenebrosa? ¿Por qué dice mi pueblo: «Queremos ser libres, no regresaremos ya contigo»?
[32] ¿Olvida una joven sus adornos, o una novia su vestido? Pues mi pueblo me ha olvidado hace ya mucho tiempo.
[33] ¡Qué bien conoces los caminos para buscar amor! ¡Qué bien has aprendido el mal camino!
[34] En la orla de tu vestido se encuentra sangre de pobres inocentes, a quienes no sorprendiste robando.
[35] Y todavía dices: «Soy inocente, su ira se alejará de mí». Pues aquí estoy para juzgarte, por haber dicho que no has pecado.
[36] ¡Qué poco te cuesta cambiar de caminos! ¡Pues con Egipto quedarás tan confundida, como quedaste con Asiria!
[37] También de allí saldrás con las manos en la cabeza, porque el Señor ha rechazado a quienes te inspiran confianza, y no te irá bien con ellos.