[1] En aquel tiempo, oráculo del Señor, sacarán de sus sepulcros los huesos de los reyes de Judá, los de los príncipes, sacerdotes, profetas y habitantes de Jerusalén,
[2] y quedarán expuestos al sol, a la luna, y a todos los astros del cielo, a los que tanto amaron, sirvieron y siguieron, y a los que consultaron y adoraron. No serán recogidos ni enterrados, sino que quedarán en el campo como estiércol.
[3] Y la muerte será preferible a la vida para todo el resto, los sobrevivientes de esta raza malvada, en todos los lugares por donde los haya dispersado. Oráculo del Señor todopoderoso.
[4] Les dirás: Así dice el Señor: ¿Hay caída sin recuperación? ¿Hay extravío sin retorno?
[5] ¿Por qué este pueblo de Jerusalén se desvía y se rebela sin fin? ¿Por qué persisten en el engaño y se niegan a convertirse?
[6] He escuchado atentamente: nadie habla como es debido; ninguno se arrepiente de su maldad, diciendo: «¿Qué es lo que he hecho?» No, cada uno anda a su antojo, como caballo desbocado en la batalla.
[7] Hasta la cigüeña en el cielo conoce cuándo debe viajar la paloma, la golondrina y la grulla saben cuándo deben emigrar; pero mi pueblo no conoce los mandatos del Señor.
[8] ¿Cómo pueden decir: «Somos sabios, poseemos la ley del Señor», si la pluma mentirosa de los escribas ha convertido esa ley en mentira?
[9] Los sabios están confundidos, consternados y atrapados; han rechazado la palabra del Señor ¿qué sabiduría les queda?
[10] Por eso daré a otros sus mujeres, sus campos a nuevos amos, porque desde el menor al mayor todos están ávidos de lucro; desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican la mentira.
[11] Pretenden sanar superficialmente la herida de mi pueblo, diciendo: «¡Todo va bien! ¡Todo va bien!»; pero nada va bien.
[12] ¿Acaso se avergüenzan de sus horribles actos? ¡Ni se sonrojan ni les da vergüenza! por eso caerán como los demás, tropezarán cuando yo les pida cuentas, dice el Señor.
[13] Cuando voy a recoger su cosecha, oráculo del Señor, no hay racimos en la parra, ni higos en la higuera, y la hierba está marchita. Así que, los entregaré para que desaparezcan.
[14] «¿Por qué nos quedamos sentados? ¡Reunámonos, entremos en las ciudades fortificadas y muramos allí, pues el Señor nuestro Dios nos entrega a la muerte; nos da a beber agua envenenada, por haber pecado contra él.
[15] Esperábamos mejoría y no hay bienestar; el tiempo de la curación, y sólo hay espanto.
[16] Desde Dan se oye el resoplar de sus caballos; al ruidoso relincho de sus corceles toda la tierra tiembla. Vienen a devorar el país y todo lo que hay en él, la ciudad y sus habitantes».
[17] Sí, yo envío contra ustedes serpientes venenosas, de las que no se dejan encantar, y los morderán. Oráculo del Señor.
[18] Mi dolor no tiene remedio, mi corazón desfallece.
[19] Los gritos de angustia de mi pueblo proceden de tierras lejanas: «¿Ya no está el Señor en Sión? ¿Ya no está allí su rey? ¿Por qué me han irritado con sus esculturas, con sus ídolos extranjeros que nada son?
[20] Ha pasado la cosecha, ha acabado el verano, y nosotros no estamos salvados».
[21] Por el desastre de la capital de mi pueblo estoy yo abatido y angustiado, y el miedo se apodera de mí.
[22] ¿No queda medicina en Galaad? ¿No hay allí ningún médico? ¿Por qué no ha progresado la curación de la capital de mi pueblo?
[23] ¡Ojalá mi cabeza se hiciera fuente, y mis ojos manantial de lágrimas, para llorar día y noche por los muertos de la capital de mi pueblo!