[1] Palabras que el Señor dirigió a Jeremías acerca de las naciones.
[2] Contra Egipto y en particular contra el ejército del faraón Necao, rey de Egipto, que estaba junto al río Eufrates, en Carquemis, donde fue derrotado por Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá.
[3] ¡Empuñen el escudo, pónganse la coraza y avancen al combate;
[4] ensillen los caballos; monten, jinetes; colóquense el casco, hagan brillar las lanzas, pónganse las corazas!
[5] ¿Pero qué es lo que veo? Están aterrados. Retroceden. Sus guerreros, derrotados, huyen en desbandada, no se detienen a mirar. ¡Terror por todas partes! Oráculo del Señor.
[6] Ni el más ágil escapa ni el más valiente se salva. Al norte, a orillas del Eufrates, tropiezan y caen.
[7] ¿Quién era ése que crecía como el Nilo, y cuyas aguas se embravecían como ríos?
[8] Era Egipto, que crecía como el Nilo, y cuyas aguas se embravecían como ríos. Decía: «Voy a crecer, a inundar la tierra, a destruir las ciudades y sus habitantes».
[9] ¡Que avance la caballería! ¡Que se pongan en marcha los carros! ¡Que salgan al ataque los guerreros, los soldados etíopes y libios que empuñan el escudo, los lidios que saben tensar el arco!
[10] Es este un día de venganza para el Señor todopoderoso; en él se vengará de sus enemigos. La espada devora, se sacia, se embriaga de su sangre. El Señor todopoderoso celebra un sacrificio en el país del norte, junto al Eufrates.
[11] Sube a Galaad y busca bálsamo, doncella, capital de Egipto. En vano multiplicas los remedios: no cicatriza su herida.
[12] Las naciones se enteran de tu humillación, pues tus lamentos llenan la tierra. Tropieza guerrero contra guerrero, y los dos ruedan juntos por el suelo.
[13] Palabra que el Señor dirigió al profeta Jeremías cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, marchó contra Egipto.
[14] Anúncienlo en Egipto, publíquenlo en Migdol, proclámenlo en Menfis y Tafnes. Digan: Ponte en guardia, porque la espada devora a tu alrededor.
[15] ¿No ves cómo ha caído Apis, tu toro sagrado? No puede mantenerse en pie porque el Señor lo empuja;
[16] se tambalea y cae. Unos a otros se dicen: «Levantémonos, regresemos a nuestro pueblo, a nuestro país natal, lejos de la espada destructora».
[17] Pongan este sobrenombre al faraón, rey de Egipto: «Ruido a destiempo».
[18] Juro por mi vida, oráculo del Rey, cuyo nombre es el Señor todopoderoso que el enemigo vendrá contra ti, como el Tabor sobresale entre las montañas, o como el Carmelo domina sobre el mar.
[19] Preparen su equipaje para el cautiverio, habitantes de la capital de Egipto, porque Menfis quedará convertida en desierto, será incendiada y despoblada.
[20] Egipto es una hermosa ternera, pero vienen sobre ella tábanos del norte.
[21] Como terneros bien alimentados eran sus mercenarios en medio de ella; pero ahora dan la espalda, huyen todos sin detenerse, porque ha sonado la hora de su ruina, el día de su castigo.
[22] Como serpiente que se escabulle, así escapa Egipto ante los poderosos que avanzan contra ella, armados de hachas como leñadores,
[23] dispuestos a cortar sus bosques. Oráculo del Señor. Son, en efecto, innumerables, más que una nube de langostas que nadie puede contar.
[24] Egipto está humillada, entregada en manos del pueblo del norte.
[25] El Señor todopoderoso, Dios de Israel, dice: Voy a castigar a Amón, dios de Tebas, a Egipto con sus dioses y sus reyes, al faraón y a cuantos confían en él.
[26] Voy a entregarlos en poder de quienes buscan su muerte, en poder de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y de sus tropas. Pero después de esto, Egipto volverá a ser habitado como en los tiempos antiguos. Oráculo del Señor.
[27] Y tú no temas, siervo mío Jacob, no te asustes, Israel. Yo te rescataré, a ti y a tu descendencia, del lejano país donde estás desterrado. Jacob regresará y vivirá tranquilo, seguro y sin que nadie lo moleste.
[28] No temas, pues, Jacob siervo mío, oráculo del Señor, porque yo estoy contigo; voy a exterminar a todas las naciones en las que te he dispersado. Pero a ti no te voy a exterminar, aunque te castigaré como mereces, para que no quedes sin castigo.