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[1] Y ahora, Israel, escucha las leyes y los preceptos que les enseño a practicar, para que vivan y entren en posesión de la tierra que les da el Señor, Dios de sus antepasados.

[2] No añadirán nada a lo que yo les mando ni quitarán nada, sino que observarán los mandamientos del Señor su Dios que yo les prescribo.

[3] Han visto con sus propios ojos lo que el Señor hizo con Baal Peor: el Señor tu Dios exterminó de en medio de ti a todos los que se fueron detrás de Baal Peor.

[4] En cambio, los que fueron fieles al Señor su Dios viven hasta el día de hoy.

[5] Miren, les he enseñado leyes y preceptos como el Señor mi Dios me mandó, para que los pongan en práctica en la tierra a la que van a entrar para tomar posesión de ella.

[6] Obsérvenlos y pónganlos en práctica; eso los hará sabios y sensatos ante los demás pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: «Esta gran nación es ciertamente un pueblo sabio y sensato».

[7] Y en efecto, ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella, como lo está el Señor nuestro Dios siempre que lo invocamos?

[8] Y ¿qué nación hay tan grande que tenga leyes y preceptos tan justos como esta ley que yo les promulgo hoy?

[9] Pero presta atención y no te olvides de lo que has visto con tus ojos; recuérdalo mientras vivas y cuéntaselo a tus hijos y a tus nietos.

[10] El día en que estuviste ante el Señor tu Dios en el Horeb, cuando el Señor me dijo: «Reúne al pueblo a mi alrededor y les haré oír mis palabras, para que se las enseñen a sus hijos y aprendan a respetarme todos los días que vivan en la tierra»,

[11] ustedes se acercaron y estuvieron al pie de la montaña. La montaña ardía en llamas, que llegaban hasta el mismo cielo, entre tinieblas y densos nubarrones.

[12] Entonces el Señor les habló en medio del fuego. Ustedes oían las palabras, pero no veían ninguna figura; solamente oían su voz.

[13] El les comunicó su alianza y les mandó guardarla; los diez mandamientos que escribió en dos tablas de piedra.

[14] Y a mí el Señor me mandó entonces que les enseñara las leyes y preceptos, para que los observaran en la tierra a la que van a pasar para tomarla en posesión.

[15] Tengan mucho cuidado. El día en que les habló el Señor desde el fuego en el Horeb no vieron ninguna figura;

[16] por tanto no se perviertan haciéndose imágenes talladas de cualquier forma que sea: imagen de hombre o de mujer,

[17] de animal de la tierra o de pájaro que vuela en el cielo,

[18] de reptil que se arrastra por el suelo, o de pez que hay en las aguas, debajo de la tierra.

[19] Cuando levantes tu mirada al cielo y veas el sol, la luna, las estrellas y todos los astros del firmamento, no te dejes seducir por ellos ni te postres ante ellos para rendirles culto, porque el Señor tu Dios los ha asignado como dioses a todos los pueblos que hay bajo los cielos.

[20] Pero a ustedes los tomó el Señor y los sacó del terrible horno de Egipto para que fueran el pueblo de su propiedad, como lo son hoy.

[21] El Señor se indignó contra mí por culpa de ustedes y me juró que no pasaría el Jordán ni entraría en la tierra buena que el Señor tu Dios te da en herencia.

[22] Sí, yo moriré en este país sin pasar el Jordán. Ustedes, en cambio, pasarán y tomarán posesión de esta tierra buena.

[23] Guárdense, pues, de olvidar la alianza que el Señor su Dios ha pactado con ustedes y de fabricarse esas esculturas o imágenes talladas que el Señor tu Dios te ha prohibido,

[24] porque el Señor tu Dios es como un fuego que todo lo consume; es un Dios celoso.

[25] Cuando engendren hijos y nietos, y lleven mucho tiempo en esa tierra, si se pervierten y se hacen imágenes talladas, ofendiendo al Señor tu Dios con su conducta, y lo irritan,

[26] pongo hoy por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra que desaparecerán inmediatamente de la tierra que van a tomar en posesión después de pasar el Jordán, y que no vivirán mucho tiempo en ella, porque serán totalmente aniquilados.

[27] El Señor los dispersará entre las naciones y sólo quedarán unos pocos entre las naciones a donde el Señor los llevará.

[28] Allí darán culto a dioses que han sido fabricados por el hombre con piedra y madera; dioses que no ven, ni oyen, ni comen, ni sienten.

[29] Entonces buscarás allí al Señor tu Dios y lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma.

[30] En medio de tu angustia, cuando te hayan sucedido estas cosas en los últimos días, te convertirás al Señor tu Dios y escucharás su voz,

[31] porque el Señor tu Dios es un Dios misericordioso, que no te abandonará ni te aniquilará ni se olvidará de la alianza que estableció con tus antepasados mediante juramento.

[32] Pregunta, si no, a los tiempos pasados que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre en la tierra: ¿Se ha visto jamás algo tan grande, o se ha oído cosa semejante desde un extremo a otro del cielo?

[33] ¿Qué pueblo ha oído la voz de Dios en medio del fuego, como la has oído tú, y ha quedado con vida?

[34] ¿Ha habido un dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro con tantas pruebas, milagros y prodigios en combate, con mano fuerte y brazo poderoso, con portentosas hazañas, como hizo por ustedes el Señor su Dios en Egipto ante sus propios ojos?

[35] El Señor te ha hecho ver todo esto para que sepas que él es Dios y que no hay otro fuera de él.

[36] Desde el cielo te dejó oír su voz para instruirte, en la tierra te mostró su gran fuego y has oído las palabras que salían del fuego.

[37] Porque amó a tus antepasados y eligió a su descendencia después de ellos, te sacó de Egipto con su gran poder,

[38] expulsando ante ti a naciones más numerosas y fuertes que tú, para llevarte a su tierra y dártela en posesión, como sucede hoy.

[39] Reconoce, pues, hoy y convéncete de que el Señor es Dios allá arriba en los cielos y aquí abajo en la tierra, y de que no hay otro.

[40] Observa sus leyes y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre.

[41] Moisés designó entonces tres ciudades, en la parte oriental del Jordán,

[42] para que pudiera encontrar refugio en ellas el homicida que hubiera matado sin querer a su prójimo, sin que existiera enemistad previa entre ellos. Refugiándose en una de estas ciudades, podría salvar su vida.

[43] Para sértica de la meseta; para los gaditas, Ramot, en Galaad; y para los manasitas, Golán, en Basán. los rubenitas designó Bosor en la parte de

[44] Esta es la ley que Moisés propuso a los israelitas.

[45] Estas son las normas, las leyes y los preceptos que promulgó Moisés a los israelitas cuando salieron de Egipto,

[46] al otro lado del Jordán, en el valle, frente a Bet Peor, en el país de Sijón, rey de los amorreos, que vivía en Jesbón y había sido derrotado por Moisés y los israelitas cuando salieron de Egipto.

[47] Estos se apoderaron de su territorio y del territorio de Og, rey de Basán, los dos reyes amorreos. Dicho territorio comprendía la parte oriental del Jordán,

[48] que va desde Aroer, junto al torrente Arnón, hasta la montaña de Siyón, es decir el Hermón,

[49] y ocupa todo el Arabá, en la parte oriental del Jordán, hasta el mar Muerto, en las laderas del Pisga.

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